La salud mundial, amenazada

La salud mundial, amenazada

La OMS alerta que el abuso de antibióticos ha llevado a que el mundo se enfrente a superbacterias.

04 de marzo 2017 , 12:05 a.m.

Hace menos de 70 años, una infección, de las que hoy parecen simples, era capaz de matar a una persona en cuestión de horas, tanto que una pequeña herida o una cirugía menor generaban mucho temor y promovían el despliegue de hospitalizaciones y grandes medidas para evitar que las bacterias hicieran lo suyo.

Esta amenaza quedó doblegada desde los años cuarenta con los antibióticos, que llegaron para cambiar la historia de la humanidad en la forma de curar sus males. Las vidas salvadas por ellos se cuentan por millones y le dan soporte real a lo que se ha calificado como el avance más revolucionario de todos los tiempos en este campo.

Sin embargo, el mismo éxito de los antibióticos y la facilidad para adquirirlos promovieron consumos abusivos que, poco a poco, fueron golpeando su efectividad, a tal punto que hoy existe una alarma mundial por el repunte intimidante de microorganismos prácticamente inmunes a estos remedios. A diario, en todos los rincones del planeta aumentan las infecciones causadas por bacterias multirresistentes, bien llamadas superbacterias, que, de no controlarse, proyectan un escenario catastrófico, similar al que existía antes de Alexander Fleming, el descubridor de la penicilina.

Hay razones para creerlo. Hace unos meses, el Gobierno británico proyectó que a partir del 2050, cada año morirían más de 10 millones de personas por la acción de estos aterradores microbios, que aprendieron a mutar para burlarse de cualquier fármaco y, de paso, convertirse en la primera causa de muerte en el planeta, lo cual era impensable una década atrás.

El asunto es tan serio que la misma Organización Mundial de la Salud (OMS) acaba de reavivar la preocupación al dar a conocer una lista con las doce familias más peligrosas de estos gérmenes, que pueden matar rápidamente si invaden la sangre, el cerebro, los pulmones y las vías urinarias.

Todo para instar a los gobiernos y a los grandes inversionistas del sector a que incentiven la financiación pública y privada para luchar en un frente colectivo contra estas superbacterias, sobre la premisa de que la batalla se está perdiendo.

Eso está bien, pero hay que ser claros y decir que las autoridades sanitarias, empezando por las colombianas, que han sido laxas en la materia, deben actuar con urgencia y determinación en dos tareas que han de ser prioritarias en sus agendas.

La primera es evitar el uso irracional y sin fórmula medica de todo tipo de antibióticos, y sancionar de manera enérgica su venta y dispensación en farmacias cuando se haga por fuera de esta norma.

Y la segunda, que, de una vez por todas, se prohíba y se castigue el uso de estos medicamentos de manera profiláctica y para favorecer el crecimiento de animales en las granjas industriales. Es evidente que este tipo de desbordes han sido los principales promotores del riesgo que hoy enfrenta el mundo.

Aquí no hay excusas, porque, de no existir reglas claras en este sentido ni la génesis de una conciencia en toda la comunidad para entender que la solución de este problema requiere del aporte de todos, las superbacterias se encargarán de darle forma real al apocalipsis en una era posantibióticos.


editorial@eltiempo.com

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