La novena es roja

La novena es roja

Esta vez los cardenales tuvieron que remar mucho más fuerte contra la corriente.

19 de diciembre 2016 , 08:17 p.m.

Coincidió con los días de la novena de aguinaldos la consecución de la novena estrella de Independiente Santa Fe.
Ambas tienen bastante en común. El relato que atraviesa la primera es el de las penurias vividas por María y José en los días previos al nacimiento del Niño Dios, “en unas pobres y humildes pajas”. Hecho que, una vez ocurrido, fue motivo de una alegría que vive hasta hoy en el corazón de millones de creyentes.

En el caso de la novena roja, se puede decir que, a diferencia de conquistas anteriores, esta vez los cardenales tuvieron que remar mucho más fuerte contra la corriente.

Y es que solo en la última fecha de la fase regular pudieron asegurar su presencia en la ronda de la eliminación directa, luego de días tormentosos que incluyeron un cambio de técnico y no pocas polémicas y versiones sin confirmar sobre supuestas tensiones entre sus principales figuras.

A manera de Espíritu Santo, Gustavo Costas, el técnico que reemplazó a Alexis García, logró inspirar en un plantel que vivía días de incertidumbre una poderosa mística. Así, conformó un equipo con un espíritu humilde, pero perseverante y absolutamente fiel a un objetivo: la estrella. Cualquier parecido con San José no es pura coincidencia.

En donde las similitudes se hacen más abundantes es en el terreno de los fieles. Los cardenales esperaban la noticia de esta alegría suprema con parecidas ansias a las de aquellos que entonces ya albergaban la esperanza de la llegada del Mesías.

Y qué decir del gozo que produjo la aparición de la estrella que anunciaba la buena nueva en el horizonte. Un hecho que en ambos casos generó inmensa alegría y en los dos tiene garantía de eterna recordación.

Una diferencia sale, por último, a flote: el equipo bogotano es cada vez menos esa escuadra modesta y, sobre todo, con serias carencias de victorias. Una admirable gestión de sus directivas ha logrado que para el pueblo rojo, dar la vuelta la olímpica sea cada vez más una actividad de rutina. Y han sabido celebrar merecidamente, sin desbordes dañinos, como debe ser. Eso merece destacarse como ejemplo.


editorial@eltiempo.com

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