La muerte de un patriarca

La muerte de un patriarca

Más que fama o dinero, Echeverri Correa buscaba resultados, en más de una ocasión de manera anónima.

30 de octubre 2017 , 01:21 a.m.

Hay personas cuya influencia sobre una determinada sociedad va más allá de los cargos o responsabilidades que haya tenido en un momento dado. Ese era el caso de Fabio Echeverri Correa, quien murió en Bogotá el sábado pasado a los 84 años de edad.

Representante de una importante estirpe de dirigentes antioqueños y apegado a su tierra como el que más, muchos se sorprendían al enterarse de que había terminado colegio y universidad en la capital de la República. Quizás por ello sabía moverse con habilidad en cualquier terreno, pues entendía las particularidades culturales de rolos y paisas.

Desde muy temprano se destacó por sus capacidades. Sin embargo, la mayoría de los colombianos se familiarizaron con su nombre cuando fue designado presidente de la Asociación Nacional de Industriales en 1974, cargo en el cual permanecería durante más de década y media y que desempeñó con altura.

Hombre de carácter, no solo sus férreas convicciones con respecto al sector que representaba sino también su capacidad de hablar duro y de frente lo hicieron el dirigente gremial más destacado de su época. Sus facultades oratorias le permitían desarmar con facilidad a sus adversarios, y no pocos gobiernos sufrieron sus dardos.

Fue además un hombre de casta. Cuando muchos creían que su carrera había terminado y que Fabio Echeverri haría uso del buen retiro en su casa campestre de Subachoque, al occidente de la Sabana, se convirtió en el gran gerente de la campaña que llevó a Álvaro Uribe a la presidencia en 2002. Una frase suya sobre la reelección le abriría la puerta a los cambios que permitieron que repitiera mandato, y él sería un leal soldado hasta el final.

Menos conocida era su labor filantrópica, expresada, entre otras obras, en la clínica Shaio. Más que fama o dinero, Echeverri Correa buscaba resultados, en más de una ocasión de manera anónima. Esa es, entre tantas otras, una de las razones por las cuales el país extrañará a un patriarca cuya muerte significa el fin de una época.

editorial@eltiempo.com

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