Editorial: La financiación de las campañas

Editorial: La financiación de las campañas

Es bienvenida la convocatoria a una Misión Electoral Especial para una reforma del sistema electoral

24 de enero 2017 , 08:00 p.m.

En momentos en los que la capacidad del sistema político de responder a las demandas de la sociedad pareciera quedarse rezagada, es más que bienvenida la coincidencia de este hecho con el compromiso del Gobierno, en el marco de los acuerdos de paz de La Habana, de convocar una Misión Electoral Especial que proponga una reforma del sistema electoral.

Y no solo eso. Quiso el destino que también coincidiera esta instalación –que tuvo lugar la semana pasada– con otro momento particular en el que el país parece estar rumbo, por fin, a tomar por los cuernos el toro de la corrupción, flagelo que no es, ni mucho menos, extraño a la democracia y su funcionamiento. En este sentido, son pertinentes las advertencias de varias voces autorizadas, comenzando por la del fiscal general, Néstor Humberto Martínez, sobre el riesgo para el país de permanecer de brazos cruzados mientras este mal se apodera del actual sistema electoral.

En este marco, el presidente Juan Manuel Santos planteó la posibilidad de la financiación estatal de las campañas por un período limitado. Es una propuesta que busca contrarrestar el perverso mecanismo, cada vez más arraigado, que termina convirtiendo la democracia en lucrativa empresa. El Estado, al garantizar que corre con los gastos propios del proselitismo, les estaría cerrando las puertas a todos aquellos que buscan cooptarlo y ponerlo al servicio de sus intereses particulares.

La propuesta, como era de esperarse, generó un intenso debate. Mientras unos la defendieron como una medida cuyo carácter radical se justifica en que la corrupción esté desbordada, otros consideran que acabará siendo un caso más de remedio peor que la enfermedad, toda vez que es alto el riesgo de que la prohibición de recibir financiación privada resulte en aportes por fuera de la contabilidad de las campañas. Desde estos renglones, creemos que lo sombrío del panorama actual es suficiente para intentar una mejora con la fórmula de la financiación exclusiva por el Estado, regla que, como lo sugirió Santos, debe permanecer vigente por un tiempo limitado. Dos períodos parecen un lapso razonable.

Pero más allá de estas consideraciones, es claro que las reglas de juego actuales tienen que modificarse. Y es verdad también que lograr un estado de cosas mejor no depende exclusivamente del asunto de marras, es decir, del origen de los recursos que respalden las campañas. Es fundamental, asimismo, fijarse en otras modificaciones con potencial para generar cambios sensibles, como aquella de solo permitir listas cerradas en las votaciones para conformar cuerpos colegiados. Más de un experto ha subrayado, con razón, las virtudes de esta modalidad en términos de un renacer de las colectividades como actores centrales de la política. El juicioso desempeño legislativo del Centro Democrático, cuyos actuales parlamentarios llegaron como parte de una lista cerrada, debe citarse como ejemplo de lo positivo de suprimir la posibilidad del voto preferente.

Sea cual sea el camino por el que se opte, de lo que no hay duda es de que estamos ante un paciente con preocupantes síntomas y al que no hay que dejar entrar en cuidados intensivos.editorial@eltiempo.com

Columnistas

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