Editorial: La extorsión no cede

Editorial: La extorsión no cede

Este delito sigue arruinando la vida de muchos. Y se ha vuelto tan común que abundan las modalidades

22 de septiembre 2016 , 08:14 p.m.

Inermes ciudadanos han sido y siguen siendo víctimas de la extorsión, una práctica abominable que ya registra más de 230 casos este año en Bogotá. No importa la condición social de la persona –o bien puede tratarse de una pequeña o mediana empresa–, bandas sofisticadas están al acecho para quedarse con todo su patrimonio a base de amenazas, chantaje e intimidación. Lo hacen desde una cárcel, a través de redes sociales o de manera directa.

La extorsión es un cáncer silencioso que está arruinando la vida de muchos. Porque no es solo la usurpación de bienes materiales o dinero, sino el daño moral que ocasionan los delincuentes a sus víctimas. Y resulta más aberrante que esta práctica se dé con la complicidad de algunas autoridades, pues no de otra forma se entiende que los centros penitenciarios se hayan convertido en lugar favorito para este delito, con bandas bien estructuradas, que tienen acceso a teléfonos, tarjetas e información de sus próximos objetivos.

El caso del individuo que a pesar de estar bajo prisión domiciliaria consiguió intimidar y robar a 117 personas es claro ejemplo de que muchas veces la justicia termina sirviendo de parapeto a los bandidos.

Extorsionar se ha vuelto tan común que abundan las modalidades. Pueden incluir el secuestro momentáneo de un familiar, el acceso a información íntima por la que se cobran gruesas sumas de dinero o –una de las más comunes– llamadas anónimas que relatan verdaderos pasajes de terror en torno a un pariente que se metió en problemas, cuando todo es mentira. Para hacer más creíble la historia, los hampones fingen pertenecer a grupos armados ilegales o a pandillas reconocidas.

El año pasado se desmantelaron 10 bandas dedicadas a extorsionar en la capital. Este año van 7. Sin embargo, de los 308 casos reportados en el 2015 apenas fueron resueltos 47, y de los 234 de este año van 57 esclarecidos.

Las autoridades han redoblado sus esfuerzos para detectar y desmantelar estas organizaciones, tarea nada sencilla, pues se trata de una actividad que no requiere mayores esfuerzos: bastan una víctima, una amenaza desproporcionada y la ingenuidad del agredido para consumar el hecho. Porque también hay que decirlo claro: muchas extorsiones ocurren por falta de precaución y sentido común de la misma gente.

Los casos de los que dio cuenta este diario recientemente así lo confirman. Quien es acosado por los delincuentes termina consignando gruesas sumas de dinero solo porque cree a pie juntillas las historias macabras sobre la suerte de alguien cercano, y cuando va a confirmar lo sucedido es demasiado tarde.

El 'sexting' –la amenaza de revelar imágenes íntimas– es otra modalidad de extorsión, incluso internacional, que toma fuerza gracias también a la falta de precaución de las personas en las redes sociales. No ponerle coto a semejante ilícito ha sofisticado su accionar, pues hasta oficinas de cobro han surgido en torno a esta.

Tiene razón la Policía cuando asegura que la mejor forma de atacar este mal es denunciando cuanto antes, sin dar oportunidad a que los maleantes consumen su delito, pero también aplicando el sentido común y una bien entendida malicia para evitar caer en una dolorosa estafa.editorial@eltiempo.com

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