La excomunión de los ilegales

La excomunión de los ilegales

Queda la sensación de una Iglesia que busca maneras de responder a las realidades del siglo XXI

24 de junio 2017 , 12:00 a.m.

Resulta fascinante, en tiempos del papa Francisco, aquella noticia de que el Vaticano estudia seriamente la posibilidad de excomulgar a los narcotraficantes y los corruptos. La Historia del mundo está llena de crónicas sobre la religiosidad de los mafiosos y las plegarias de los ladrones de cuello blanco, llena de relatos sobre sicarios que se santiguan y funcionarios deshonestos que rezan para empatar sus pecados. Y, aunque no cabe duda de que la Iglesia ha estado siempre del lado de la ley, no es cualquier mensaje ese de que los ilegales no tienen por qué contar con el catolicismo como refugio, como coartada, como lavado de culpas e imágenes.

La excomunión es, a fin de cuentas, así no tenga valor jurídico, la pena máxima de la Iglesia católica. Y que se ponga al servicio de la ley –por decirlo de alguna manera– puede ser leído como la decisión de que el catolicismo no sea disfraz ni fuero de nadie: no más hampones piadosos que sospechen que los delitos que cometen no tienen nada que ver con su fe y que su religión, como su sórdido trabajo, se encuentra por encima de las leyes. Por algo, como informaron las agencias internacionales, el prestigioso diario La Repubblica insistió en que la excomunión de los hampones sería un “giro histórico”.

Visita del Papa Francisco

El Papa Francisco saluda a sus feligreses en el Vaticano.

Foto:

Archivo/ EFE

Fue esta misma semana, en el Debate Internacional sobre la Corrupción, en la Santa Sede, cuando se discutió a fondo la posibilidad de la excomunión. Se puso de ejemplo a los narcos colombianos y mexicanos, que, como los mafiosos italianos, han obrado como si sus delitos fueran su vida privada y sus ayudas a la comunidad y sus religiosidades fueran su vida pública. Se habló, en el momento preciso, de castigar a los corruptos –vengan del país del que vengan– como a los peores criminales que se conozcan. Se citó la excomunión, decidida por el papa Francisco, de una poderosa mafia italiana: la Ndrangheta. Quedó la sensación de una Iglesia que sigue buscando maneras de responderles a las realidades del siglo XXI, maneras de empujar a los católicos por los caminos de la coherencia.

- editorial@eltiempo.com

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