La condena a Miguel Maza

La condena a Miguel Maza

La justicia se pronunció aportando un componente de verdad sobre un episodio traumático para el país

24 de noviembre 2016 , 08:15 p.m.

Una vez el país pudo pasar la página del atroz asedio del narcotráfico a las instituciones que tuvo su auge a finales de los 80 y comienzos de los 90, parecía claro que el general Miguel Maza Márquez, entonces director del Departamento Administrativo de Seguridad, DAS, tenía garantizado un lugar en los libros de historia.

Los motivos pasaban, entre otros, por la manera como había liderado la lucha que las instituciones libraron contra el Cartel de Medellín. Un rol que lo hizo blanco de varios intentos de asesinato, incluido el recordado bus bomba contra la sede del extinto cuerpo de seguridad en diciembre de 1989.

Pero el fallo de la Corte Suprema de Justicia conocido este jueves que lo condena a 30 años de prisión –a sus 79 años– por los delitos de concierto para delinquir y homicidio con fines terroristas plantea un inesperado giro en el relato histórico. Sobre todo porque el marco es nada menos que el magnicidio del entonces candidato a la presidencia, Luis Carlos Galán, un hecho que marcó un antes y un después en la vida política del país.

Y aunque es cierto que desde el momento mismo de su salida del DAS en 1991 ya algunos nubarrones se posaron sobre su trayectoria por causa de cuestionamientos provenientes de la Embajada de Estados Unidos, no lo es menos que estos no lograron proyectar mayor sombra sobre la imagen que el general se había granjeado como valiente oficial. Pero hoy el panorama para Maza es otro. Al no resultar satisfactorias para el alto tribunal sus explicaciones sobre decisiones tomadas por él, en particular la del cambio del jefe de escoltas de Galán, en aquellas fechas trágicas, el fallo en cuestión borra dicho legado.

Casi treinta años después de los hechos, la justicia se ha pronunciado aportando un componente de verdad sobre un episodio traumático para el país. Que para algunos resulte incluso desconcertante, o por lo menos sorpresivo, no puede de ninguna manera demeritar su importancia. La ley es la ley. Debe ser un hito, para que en otros tantos crímenes ocurridos en esa misma época y hoy en la impunidad se esclarezcan por fin.

editorial@eltiempo.com

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