Isis contra la prensa

Isis contra la prensa

El brutal atentado en Kabul recuerda la barbarie de los enemigos de la libertad de expresión.

03 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

Cuando lo deseable es que el Día Mundial de la Libertad de Prensa, que hoy se celebra, sea la oportunidad para aplaudir avances que permitan un ejercicio más seguro de esta profesión, la barbarie de algunos —en este caso el Estado Islámico— obliga a que esta fecha se encuentre marcada por el dolor y la estupefacción.

Estos dos son los sentimientos que quedan tras lo ocurrido el lunes pasado en Afganistán. Allí, esta agrupación lanzó un doble ataque cuyo blanco evidente eran los periodistas en un país en el donde el año pasado murieron veinte colegas ejerciendo su oficio.

Primero fue un atacante suicida que, a bordo de una moto, se hizo inmolar en un barrio del centro de Kabul. Ante este hecho, un puñado de comunicadores, en cumplimiento de su deber, acudieron al lugar para dar cuenta de lo sucedido. Jamás imaginaron que entre ellos, infiltrado y portando una credencial falsa, habría otro terrorista cargado de explosivos que minutos después detonó.

El estallido dejó nueve comunicadores muertos. Este es otro hecho doloroso que le recuerda al mundo que la culebra de la amenaza de Isis sigue viva: ayer asesinaron a 21 integrantes de una tribu iraquí que se ha resistido a su avance; y en Siria, los rebeldes, con apoyo estadounidense, se alistan para una nueva ofensiva contra los reductos de esta organización.

El Día Mundial de la Libertad de Prensa sigue siendo, por desgracia, una jornada para condenar la barbarie que no cesa.

De vuelta a Afganistán, hay que decir que el del lunes fue el más brutal y mortífero ataque sucedido en tiempos recientes en el planeta contra la profesión. Si había dudas respecto a su intención, estas se disiparon horas después cuando el grupo terrorista dejó claro en un comunicado que su blanco eran “los apóstatas de las fuerzas de seguridad y los medios de comunicación”.

Los nueve colegas fallecidos se suman a otras 29 víctimas que dejó la explosión inicial y a once niños muertos tras un ataque de esta misma organización contra un convoy militar en Kandahar.

La conmemoración de hoy y el recuento de lo ocurrido en Afganistán, con obvia condena, deben ser motivo de reflexión sobre las causas de los atropellos contra la libertad de prensa que no cesan en el planeta. Un informe de la organización Reporteros sin Fronteras reveló que el año pasado fueron asesinados 65 periodistas, mientras que 326 se encuentran encarcelados y 54 están secuestrados. Llama la atención que no necesariamente los países en guerra son el territorio más peligroso: el 46 % de los caídos ejercían su labor en Estados que no son escenario de un conflicto armado. El ejemplo más revelador es México, en donde los muertos, 11, fueron el mismo número que en Siria.

Que quede claro: quienes eligen como blanco a los periodistas son aquellos a quienes les conviene un futuro de oscuridad, sean corruptos, mafiosos o extremistas islámicos. Todos tienen en común albergar la certeza de que su mayor enemigo no son necesariamente los ejércitos y fuerzas de seguridad que los combaten, sino que en las sociedades que buscan amedrentar prevalezcan derechos y libertades fundamentales. La libertad de expresión y la de información son conquistas de la humanidad que en todo momento es obligatorio resguardar.

editorial@eltiempo.com

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