Editorial: Inexcusables muertes infantiles

Editorial: Inexcusables muertes infantiles

Es indignante que 590 niños hayan fallecido en un año en Bogotá, cuando su deceso se pudo evitar.

18 de noviembre 2016 , 08:19 p.m.

Las muertes evitables, particularmente de menores de edad, son, en términos de salud pública, uno de los indicadores más sensibles que hay. Se considera que cuando estos casos se presentan, las sociedades son francamente incapaces de cuidar a sus propios niños.

No es para menos, pues en este indicador confluyen factores que van desde la eficacia de las políticas para proteger la infancia, las condiciones de sus sistemas de salud y la seguridad alimentaria hasta las características culturales. Es de tal importancia el tema que en constituciones como la colombiana, los niños aparecen como sujetos de todos los derechos.

Por eso resulta inaudito que en la ciudad más moderna del país la mitad de las muertes de los niños hubieran podido evitarse, según se desprende de un informe presentado por la Fundación Corona, Equidad para la Infancia y Bogotá Cómo Vamos.

Es dramático, por ejemplo, que 590 niños de entre 0 y 4 años que murieron en el 2015 podrían estar vivos si los factores que desencadenaron sus decesos hubieran sido controlados a tiempo, como las enfermedades respiratorias y la desnutrición.

El mismo reporte, presentado ante la Secretaría de Integración Social del Distrito, señala que una de cada tres muertes ocurridas entre los 5 y los 14 años también era evitable, esta vez por causas que tienen que ver con el comportamiento. Entre ellas se cuentan los accidentes de tránsito y los homicidios, que en Bogotá responden por casi 12 de cada diez muertes en estas edades.

¿Qué explica semejante balance? Bogotá es la ciudad con las mejores condiciones para atender estos aspectos de manera oportuna y suficiente, empezando porque cuenta con políticas necesarias, redes de servicios apropiadas, planes de asistencia alimentaria e incluso los ciudadanos hoy están más dispuestos a denunciar los casos de vulneración de derechos de los niños.

Los propios autores del estudio encontraron parte de la respuesta. Durante sus trabajos de campo evidenciaron que algunas estrategias, como De Cero a Siempre (programa de atención integral del Gobierno Nacional para la primera infancia) y otras locales, con objetivos similares, se quedan cortas o simplemente no pasan del papel ante las necesidades de esta población en ciertas localidades en las que se concentran los desenlaces indeseables y que también están identificadas.

Son falencias que en la práctica se reflejan en asimetrías entre zonas que se miden en algo más que muertes evitables. Es el caso, por ejemplo, de los embarazos en niñas –que producen nacimientos de bebés que pueden morir fácilmente–, que son 24 veces más probables en Los Mártires que en Teusaquillo, o de la violencia sexual contra menores de edad, la cual es más alta en La Candelaria que en cualquier otro sitio de la ciudad.

Aquí no cabe ninguna excusa, y menos la pérdida de tiempo en busca de responsables y generando discusiones que desdibujan una grave situación que avergüenza y requiere acciones inmediatas. Queda otra reflexión: si esto ocurre en la ciudad del país supuestamente más preparada para proteger a su infancia, ¿qué sucederá en otras regiones donde la vulnerabilidad de la población está a la orden del día?

editorial@eltiempo.com

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