Editorial: Incertidumbre a la italiana

Editorial: Incertidumbre a la italiana

El panorama incierto que queda en Italia tras el triunfo del No aumenta el nerviosismo en la UE.

05 de diciembre 2016 , 08:39 p.m.

Para algunos analistas, el triunfo del No en el referendo italiano propuesto por el primer ministro Mateo Renzi, a través del cual pretendía hacer una reforma constitucional, es uno más del antiestablecimiento global, que ya ajustó sonadas victorias con, por ejemplo, el brexit, el No en el referendo por la paz de Colombia o el ascenso a la presidencia del magnate Donald Trump en EE. UU.

Pero sería una simplificación demasiado sencilla y hay que ajustarse a los matices. Renzi, que prometió renunciar si perdía, quería reformar una Constitución aprobada en 1948 cuyo espíritu era pasar la página tras el desastre de la Segunda Guerra Mundial y la larga y feroz dictadura de Benito Mussolini, precisamente para evitar que regresara un fenómeno autoritario similar al del fascismo de entonces.

Pero al querer recortar las facultades del Senado (en la actualidad con igual poder que la Cámara de diputados) y transferir ciertas facultades de las regiones al Gobierno central rompía, a juicio de muchos, el delicado equilibrio de poderes invocado en esa Carta Magna y le daba demasiado poder al jefe de Gobierno.

Más allá de esta interpretación, Renzi quería agilizar el trámite legislativo y facilitar la gobernabilidad haciendo una reforma similar a como funciona este poder en Alemania o el Reino Unido. Pero desde la extrema izquierda hasta la extrema derecha, e incluso algunos sectores de su propio partido, no lo vieron con buenos ojos. A lo que se sumaron los votos de millones de personas, especialmente los desempleados y los miembros de una clase media empobrecida, que tienen pavor por la llegada de inmigrantes en un país que no ha logrado salir de la crisis económica y cuya población teme que el Gobierno quiera, a como dé lugar, salvar los bancos. No a ellos.

Esa percepción condenó al Primer Ministro, que, ante semejante paliza en las urnas (perdió por 20 puntos y hubo una participación del 68 por ciento), anunció ayer que congelará su dimisión, al menos hasta que sean aprobadas algunas iniciativas en el Parlamento, como el presupuesto general.

Por todo esto, preocupa lo que sucede en la tercera economía de la Eurozona, pues en 70 años de democracia ha habido 63 gobiernos, y en este momento empieza la búsqueda del quinto primer ministro en cinco años. Ahora le toca al presidente del país, Sergio Mattarella, ver cómo sale del lío. Ya logró que Renzi aplace su renuncia, pero luego, y tras una ronda de consultas con los líderes de los partidos, puede encargar un gobierno de transición o uno técnico para aprobar una nueva ley electoral y ahí sí convocar nuevas elecciones. Para la extrema derecha y los partidos populistas y antisistema, como el Cinco Estrellas (M5S), liderado por el actor cómico Beppe Grillo, los comicios deberían realizarse de inmediato. Sabe que ganaría.

Y eso es una fuente de nerviosismo mayor para la Unión Europea. La alegría por la derrota de la extrema derecha en las presidenciales de Austria duró poco. No son buenos tiempos para el bloque, mucho menos cuando el año que viene deberá enfrentar cruciales elecciones en Francia y Holanda, donde la ultraderecha podría mostrar un músculo demasiado poderoso.editorial@eltiempo.com

Columnistas

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