Chávez, 5 años de muerto

Chávez, 5 años de muerto

Resulta inevitable comparar lo que dejó el comandante con lo que vive hoy Venezuela.

06 de marzo 2018 , 12:00 a.m.

Ayer hace 5 años murió Hugo Chávez. Y, más allá de simpatías ideológicas, de la polarización que desató en Venezuela o de su oscilante relación con Colombia, resulta inevitable intentar comparar lo que dejó en el momento de su fallecimiento por un cáncer –una de las pocas batallas que no pudo ganar– con lo que vive hoy el país vecino.

Uno de los elementos claves es el de la pobreza. Chávez llegó al poder en febrero de 1999, en un país cuya riqueza había sido socavada por la corrupción y los malos manejos de los partidos políticos tradicionales y en donde la muy jugosa renta petrolera jamás alcanzaba a los sectores menos beneficiados. La brecha entre ricos y pobres era aterradora, y, con la promesa de equilibrar y luchar contra la pobreza extrema y la corrupción, el teniente coronel, que había intentado un golpe de Estado en 1992, ascendió prometiendo una cosa, pero maquinando un proceso de hondo calado, más inspirado en el ejemplo de los barbudos cubanos y de su posterior mentor, Fidel Castro, que en el socialismo tranquilo de los europeos. Revolución bolivariana –se dijo–, y, en su versión continental, Revolución del siglo XXI.

No podemos adivinar si de vivir el coronel, el país habría llegado a este abismo. Muchos creen que la muerte marcó el inicio de su propia tragedia.

Es claro que la Venezuela de hoy, bajo el mando del presidente Nicolás Maduro, es más pobre que hace cinco años, pero, asimismo, lo es mucho más que cuando asumió Chávez. También, que cuando se tienen las arcas llenas es más fácil hacer revolución, pues Venezuela vivió diez años de bonanza petrolera con precios que rebasaron los 100 dólares por barril, lo cual ayudó a crear un monumental sistema asistencialista y ambiciosas misiones médicas y de alimentos, entre otras, que estuvieron concentradas en las poblaciones más vulnerables. Hasta para financiar las economías de las pequeñas islas caribeñas y soportar el avance de la izquierda en el continente alcanzaban los petrodólares bolivarianos.

El lado oscuro de la historia es que sus decisiones económicas destruyeron la matriz productiva de un país de por sí monoproductor y que importaba casi el 90 por ciento de sus alimentos. Se sabía, y así se advirtió desde varias orillas, que la revolución sería insostenible si bajaban los precios del petróleo. Y bajaron. Ahí vinieron los problemas.

El desabastecimiento de alimentos, medicinas y productos de primera necesidad, el récord de inflación (más de 2.600 por ciento a diciembre pasado), tener algunas de las ciudades más peligrosas del mundo, el aumento de la pobreza y la estampida que tiene a millones de sus ciudadanos buscando ganarse la vida en otros países son apenas un reflejo del hundimiento de la nación que posee las mayores reservas de petróleo en el mundo.

Esta paradoja insalvable se vuelve más dramática para aquellos que pretenden despojar de toda responsabilidad a Chávez en la tragedia que vive su pueblo, por rescatar su memoria o para marcar sus diferencias con el rumbo que está tomando Maduro. No podemos adivinar si de vivir Chávez, el país habría llegado a este abismo. Pero muchos venezolanos creen genuinamente que la muerte del ‘comandante eterno’ marcó el inició de su propia tragedia.

editorial@eltiempo.com

Chavez

El entonces presidente de Venezuela, Hugo Chávez, en 2002.

Foto:

AFP / Andrew Alvarez

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