Editorial: Hay que cambiar de actitud

Editorial: Hay que cambiar de actitud

Los cuestionamientos que se hacen a la política migratoria de Colombia parecen tener justificación.

21 de noviembre 2016 , 12:22 a.m.

Cuando la semana pasada se informó sobre la captura de varios registradores que desempeñaban sus funciones en poblaciones del departamento del Atlántico, acusados de formar parte de una red que cobraba por la expedición de cédulas a personas extranjeras, el caso se vio como un esfuerzo de las autoridades orientado a combatir el fraude. Pero más allá de la investigación, lo sucedido trae a colación un tema relacionado, como es la política migratoria de Colombia, descrita como una de las más cerradas de la región.

Hay quienes aseguran que los alicientes que conducen a la existencia de prácticas corruptas no estarían ahí si el país tuviera una actitud más abierta para que más ciudadanos foráneos se instalen en el territorio nacional. Y es que, a diferencia de lo que pasa en otras latitudes, obtener el estatus de residente es complejo, como lo atestiguan los nacidos en otras tierras que han logrado afincarse legalmente aquí.

Los cuestionamientos a la que es una tradición de décadas fueron originalmente hechos hace unos días en las páginas de este diario por el economista venezolano Ricardo Hausmann. Citando datos del Banco Mundial, este profesor de la Universidad de Harvard mostró cómo apenas el 0,2 por ciento de quienes viven en Colombia son oriundos de otras naciones, una proporción que palidece frente al 13 por ciento de Estados Unidos o el 20 por ciento de Canadá.

Aunque la respuesta obvia es que mucha más gente desea instalarse en América del Norte, el académico señaló que a decenas de sus compatriotas se les han cerrado las puertas sin explicación alguna. El motivo es que los funcionarios de migración pueden rechazar cualquier petición alegando la discrecionalidad que tienen, de acuerdo con las normas.

A la luz de esos planteamientos, vale la pena preguntarse si estamos haciendo las cosas bien o estamos perdiendo oportunidades que nos cuestan. La evidencia sugiere que, en aras de una mal entendida soberanía, desperdiciamos la posibilidad de atraer talentos que harían de esta una sociedad más plural, diversa y propensa a innovar.

El ejemplo de lo que podemos ganar si somos más abiertos está a la vista. Pocos ponen en duda que lo que permitió que la producción petrolera colombiana llegara a superar el millón de barriles diarios en épocas recientes fue la llegada masiva de ingenieros, desplazados por los despidos masivos que el gobierno de Hugo Chávez hizo en su momento en PDVSA.

Además, resulta increíble constatar que contamos con una diáspora cuyo tamaño calculado oscila entre dos y medio y cuatro millones de personas, para las cuales exigimos un trato digno en los países que les acogen. Es duro decirlo, pero ese no es el caso de quienes atraviesan nuestras fronteras, ya sea con el ánimo de quedarse o de pasar a otra parte.

Y para los que señalan que aquí no hay empleo para todos, vale la pena recordar los estudios que comprueban que el saldo neto que dejan los inmigrantes es positivo, tanto en lo que atañe a pago de impuestos como a generación de riqueza. Es hora, entonces, de dar un debate abierto sobre una política que merece una revisión profunda y que debería desembocar en un cambio de actitud justificable y conveniente.

EDITORIAL

editorial@eltiempo.com.co

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