Fuerza, Manizales

Fuerza, Manizales

Esta nueva tragedia hace imperativo replantear la prevención y atención de desastres naturales.

20 de abril 2017 , 12:00 a.m.

Cuando el país todavía no logra reponerse del tremendo drama que significó la tragedia de Mocoa, Putumayo, nos sucede un nuevo episodio trágico por culpa del invierno.

Otra vez un anormal aguacero trajo luto y destrucción. La gran cantidad de agua que cayó sobre Manizales en la noche del martes y la madrugada de este miércoles provocó múltiples derrumbes que dejaban un saldo, al escribirse estos renglones, de 16 personas muertas, 6 desaparecidas, 23 heridas, 70 viviendas colapsadas y por lo menos otras 400 que debieron ser desalojadas preventivamente. Tal y como ocurrió en la capital del Putumayo, el volumen de las precipitaciones fue extraordinario: correspondió a lo que normalmente cae en un mes en esta parte del país.

Además de lamentar lo ocurrido y enviar un mensaje solidario a la ciudad y al pueblo caldense, hay que esperar una respuesta efectiva de las autoridades.

Además de lamentar lo ocurrido y enviar un mensaje solidario a la ciudad y al pueblo caldense, hay que esperar una respuesta efectiva de las autoridades, para minimizar tanto como sea posible a estas alturas el impacto del suceso natural. Experiencias recientes alimentan el optimismo en este campo.

Y una vez alivie el luto, procede una reflexión, válida para Manizales pero también para el resto de una nación que, insistimos, se encuentra entre las más vulnerables de cara al rigor de los cambios en el clima que se avecinan. Esta debe apuntar a replantear, a partir de las nuevas realidades, aspectos ya tantas veces mencionados, como la prevención y la resiliencia, y siempre oír las recomendaciones de las autoridades. Así mismo, a reformular con base científica, claro está, todos aquellos parámetros que hasta la fecha han definido lo que es normal y lo que no en asuntos ligados al clima.

Colombia ha sido obligada a mirar a la cara, mediante sucesos traumáticos como las tragedias de Salgar, Mocoa y ahora esto que acaba de suceder en Manizales, a una nueva “normalidad” –lluvias más intensas, sequías más extremas– que hace imperativo replantear no solo lo relativo a prevención y atención de desastres, sino la manera misma como llevamos nuestras vidas. Estamos a tiempo de reaccionar.

editorial@eltiempo.com

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