Frente a las dudas

Frente a las dudas

Indicios de anomalías en el conteo de los votos no puede ser razón para propagar idea de un fraude.

01 de junio 2018 , 12:00 a.m.

La publicación esta semana en redes sociales de formularios E-14 con tachones y enmendaduras ha dado pie a que nuevamente sea tema de discusión el sistema electoral colombiano.

Mientras desde una orilla, la del candidato Gustavo Petro, regresan las acusaciones de fraude, otros observadores afirman que lo plasmado en trinos deja en evidencia esas porosidades varias veces señaladas y que obligan a que más temprano que tarde se tomen medidas.

La Registraduría, por su parte, ha sido clara en que si tales situaciones se presentaron, fue como consecuencia de errores humanos, y ha recordado que para que exista una alteración también es necesario modificar el formulario E-14 de claveros, así como el E-24 de la comisión de escrutinio.

Ha insistido la entidad en que tanto el conteo como el escrutinio se hacen bajo la vigilancia de representantes de los partidos en contienda y que estos pueden, en todo momento, solicitar reconteo de votos o presentar reclamaciones al hacerse el escrutinio.

Hay que subrayar que esta entidad le apostó a la transparencia al digitalizar y poner a disposición de quien quiera consultarlos –con acceso preferencial para las campañas– la totalidad de los formularios E-14 para darle mayor claridad al proceso. Y fue gracias a esta apuesta que salieron a flote los casos que motivaron las quejas.

No hay duda de que el sistema electoral colombiano tiene muchas porosidades, por lo que es urgente actuar para blindarlo.

En este sentido, no sobra aclarar que a la Registraduría le corresponde informar los resultados, pero que la última palabra la tiene el Consejo Nacional Electoral, responsable de los escrutinios. Y hay que decir también que no hay evidencia, a estas alturas, de que esos episodios de tachones y enmendaduras se hayan dado a gran escala. Quien la tenga está, por supuesto, en la obligación de revelarla para dar inicio a las acciones legales correspondientes.

Dicho lo anterior, dos consideraciones pueden hacerse. La primera es que las quejas que han nutrido la discusión, sobre todo en redes sociales, no pueden caer en saco roto. El que se trate de errores humanos o, en efecto, de algunas pocas adulteraciones a una escala que no amerita el calificativo de fraude, no es motivo, insistimos, para dejar de actuar con el fin de hallar a los responsables, si es que hubo actuaciones al margen de la ley. Tampoco para abstenerse de recordar, como ya lo hizo acertadamente la directora de la Misión de Observación Electoral, Alejandra Barrios, que el sistema electoral colombiano conserva numerosos flancos débiles, por lo que es urgente actuar para blindarlo.

Pero bastante hay, y en esto es necesario ser enfáticos, entre las denuncias de marras, entre el constatar la precariedad de algunos eslabones del proceso de conteo y escrutinio y la idea que algunos irresponsablemente promueven de que en el sistema electoral existe un caos en el que germina un fraude a gran escala.

Esto último hay que rechazarlo categóricamente, pues, de nuevo, se trata de señalamientos sin un sustento sólido que tienen gravísimas repercusiones, sobre todo hacia el futuro. Como si quienes las hacen no valoraran suficientemente la importancia de unas instituciones robustas, llegado el momento de gobernar.

editorial@eltiempo.com

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