Frankenstein vive

Frankenstein vive

200 años después de su publicación, su influencia en las culturas del mundo resulta innegable.

05 de enero 2018 , 12:00 a.m.

'Frankenstein o el moderno Prometeo', la obra maestra de la escritora inglesa Mary Shelley, fue publicada el 1.° de enero de 1818. Doscientos años más tarde, luego de convertirse en un mito y un ícono de la humanidad recreado en cientos de versiones, su influencia en las culturas del mundo resulta innegable: no solo su trama –la pesadilla de un creador al que su criatura se le rebela– es una de las más imitadas en la historia de la narración, sino que su alegoría iluminadora no ha dejado de ser relevante dos siglos después.

Mary Shelley se llamaba Mary Godwin cuando escribió el primer borrador de Frankenstein. Tenía 19 años. Era la hija del literato anarquista William Godwin y la feminista pionera Mary Wollstonecraft, que había muerto poco después del parto. Y, como se había convertido en la amante del poeta Percy Shelley, terminó formando parte del grupo de genios que se reunió en una mansión durante “el verano que nunca se dio”. Corría la mitad de 1816. El mundo estaba congelado a causa de la explosión del volcán Tambora. Y en ella, Lord Byron puso a los huéspedes de aquella casa enorme la tarea de inventarse historias aterradoras.

Frankenstein

En 1931, Boris Karloff se convirtió en el Frankenstein más famoso del cine.

Foto:

Universal Pictures

Godwin redactó allí el primer borrador de la historia de Frankenstein: un médico suizo obsesionado con la muerte consigue darle vida a un cuerpo que ha ido creando en la oscuridad de su laboratorio, pero la criatura, extraviada como un monstruo, pronto se da cuenta de que el mundo de los hombres es un infierno en el que es un pecado no ser ni parecer como los otros. Por eso, por su vitalidad y su denuncia de una inhumanidad, Frankenstein fue recibida como una obra irrepetible desde esa edición de 1818, publicada sin nombre.

Cien años después, cuando se hicieron las primeras películas sobre el personaje –y luego, en 1931, gracias al clásico dirigido por James Whale–, la parábola del monstruo que quiere cobrarle la vida a su creador se convirtió en este patrimonio de todos que lleva dos siglos explicándonos el horror. Frankenstein vive.

editorial@eltiempo.com

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