Fotomultas: esperado tatequieto

Fotomultas: esperado tatequieto

Antes de su regulación, no era claro el impacto de esta herramienta en la seguridad vial.

17 de junio 2017 , 12:00 a.m.

La ley que regula las fotomultas, pendiente únicamente de la etapa final de conciliación en el Congreso, es una de esas normas con enorme impacto en la cotidianidad de los colombianos y por varios años esperadas.

Es verdad de a puño que dicha tecnología pasó de ser una herramienta para lograr vías más seguras a ser una fuente de ingresos de unos pocos. Este diario denunció, en su momento, cómo los contratos en virtud de los cuales algunos municipios la implementaron dejaban grandes réditos a los privados responsables de estas –hasta el 70 por ciento de cada multa– y muy poco a los entes municipales, si acaso a los bolsillos de los mandatarios locales inescrupulosos. Pero, sobre todo, no era claro su impacto en la seguridad vial.

Es verdad de a puño que dicha tecnología pasó de ser una herramienta para lograr vías más seguras a ser una fuente de ingresos de unos pocos

Así mismo, los procedimientos poco ortodoxos para la elección de los lugares en los que se ubicaban las cámaras y se notificaba a los infractores dieron pie a no pocas anomalías, principalmente a que creciera entre la ciudadanía la sensación de que estas eran algo más parecido a unos instrumentos de matoneo que a unos dispositivos para salvar vidas.

La norma en cuestión busca corregir todo lo anterior. Reduce ostensiblemente el porcentaje del recaudo correspondiente al contratista –queda en 10 por ciento–, aumenta los ingresos de los entes territoriales –suma que, a su vez, deberán destinar para planes de seguridad vial– y fija reglas claras, en el marco del debido proceso, para la notificación de sus infracciones a los ciudadanos, además de permitir rendir descargos, incluso, por internet. Muy importante es el plazo que impone a los actuales operadores de esta tecnología para ajustarse a la nueva ley y que sea el Ministerio del Transporte el que tenga la última palabra al decidir los sitios donde se van a ubicar los nuevos dispositivos.

Queda, eso sí, la reflexión de por qué no se hicieron las cosas bien desde el comienzo. Y la pregunta, con sabor a frustración, de por qué son necesarios tantos tumbos para que una herramienta empiece a operar con la filosofía correcta, en este caso la de disminuir los factores de riesgo en las vías. Todo esto, por supuesto, asumiendo que la nueva ley pasará sin tropiezos del papel a la realidad.

- editorial@eltiempo.com

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