Final cuesta arriba

Final cuesta arriba

Para que Santos tenga un cierre óptimo de su gobierno, deberá añadir avances en consolidar la paz.

05 de agosto 2017 , 11:50 p.m.

Para cualquier observador, conocedor de las principales conquistas de Juan Manuel Santos en los siete años que ya suma como presidente de los colombianos, pero sin acceso de primera mano a los detalles de los hechos que marcan la cotidianidad del país, resultaría sorpresivo que el jefe del Estado tenga asegurado cerrar su paso por el solio de Bolívar con altos índices de popularidad.

En principio, el histórico logro de haber puesto fin al conflicto armado con el desarme de las Farc podría interpretarse como suficiente para otorgarle un lugar destacado en las páginas de la historia.

A este se pueden sumar otros no menos relevantes: los más de 5 millones de colombianos que han salido de la pobreza; el crecimiento de la cobertura del sistema educativo a nivel de preescolar, básica y media, el cual ya beneficia a 8,4 millones de estudiantes; los esfuerzos para disminuir el atraso en infraestructura, el aumento considerable de la llegada de turistas.

En líneas generales, en unos años de dura turbulencia económica, de fuertes vientos cruzados, el gobierno Santos ha conseguido mantener el barco a flote con cifras que, vistas en términos absolutos, son cuando menos preocupantes, pero que si se miran a la luz de los guarismos de los vecinos, adquieren otro matiz, más alentador. No menos destacable es el notable –y cada vez más exótico en el hemisferio– apego del primer mandatario a los valores que dan sentido a la democracia liberal.

Pero es evidente que estos hechos no son suficientes para que sus últimos doce meses sean la consolidación de un legado en un marco de relativa tranquilidad. Hoy es claro que Santos deberá exigirse a fondo en su recta final. Y él lo sabe: “Vamos a trabajar este año como si fuera el primero”, afirmó el jueves pasado.

La pregunta es qué tan fácil la tendrán con el ardor de un sol inclemente que pega en la espalda. Molestia que se materializa, por ejemplo, en un Congreso cuyas prioridades difícilmente serán, como lo han sido en estos siete años, las de la Casa de Nariño y más bien pasarán por las elecciones de marzo.

Reticencias legislativas aparte, la implementación del acuerdo de paz, la lucha contra la corrupción y la reactivación económica se asoman como los tres frentes en los cuales el primer mandatario deberá batirse para darle mejor semblante a su alicaída popularidad, que esta semana dio señales de comenzar a repuntar. Obtener avances concretos en la negociación con el Eln puede ser el cuarto ítem de esta lista.

Por supuesto que la paz merece mención aparte, no en vano ha sido la bandera de este gobierno. Del grado de suceso de los pasos que vienen en la ruta ya emprendida depende, en gran medida, que Santos corone con buen aire la difícil cuesta. Una acertada puesta en práctica de los planes de desarrollo, con enfoque territorial, será también efectivo antídoto contra males cuyo diagnóstico hoy es francamente preocupante y deberá evolucionar en sentido positivo.

Se trata de los cultivos ilícitos y la minería ilegal, ambos en el corazón de economías ilegales en las cuales pelechan formas muy violentas de control social ejercido por mafias armadas, todo en un contexto de histórico abandono estatal. Réplicas de este problema azotan así mismo las grandes ciudades, haciendo de la seguridad urbana otro desafío de primer orden.

En terrenos de la economía, el contexto mundial obliga a que Colombia, bajo la batuta de su Presidente, busque cómo depender menos del petróleo, y ello implica, por ejemplo, aprovechar las condiciones del posconflicto para que el desarrollo agrícola reciba un decisivo empujón. Alejar los fantasmas que recientes escándalos han traído sobre los interesados en financiar las megaobras de infraestructura es otra tarea inaplazable, tan importante como cuidar los avances alcanzados en los últimos años para evitar, a toda costa, un retroceso que impacte la calidad de vida de los sectores que hoy viven mejor.

Pero un buen desarrollo en cada uno de estos campos no es suficiente. También son necesarios ajustes en el engranaje del Ejecutivo para lograr un desempeño mucho más armónico que el hasta ahora observado. Y aquí llegamos al tercer punto. Se espera menos milimetría política y mayor cercanía con los cánones del buen gobierno, factor crucial en tiempos en que se ha agotado la tolerancia de la opinión hacia quienes caminan por el fino límite que separa la intermediación política de las prácticas que sanciona el Código Penal.

Por último, ejercer un liderazgo claro y efectivo, que permita que la comunidad internacional contribuya de modo decisivo en la urgente búsqueda de una solución de la gravísima crisis venezolana, debe ser visto por Santos como una oportunidad para comenzar a perfilar el futuro que le aguarda como nobel de paz una vez entregue el cargo el 7 de agosto de 2018.

editorial@eltiempo.com.co

MÁS EDITORIALES

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA