Entusiasmo moderado

Entusiasmo moderado

Ver a Trump y a Kim Jong-un sentados en una misma mesa es esperanzador, pero persisten interrogantes

13 de junio 2018 , 12:00 a.m.

Tras conocerse los resultados de la histórica y muy esperada cumbre que tuvo lugar el lunes por la noche (hora colombiana) entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y el líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, muchas preguntas quedaron flotando en el ambiente. La parafernalia montada para la cumbre, siguiendo los más estrictos cánones, pronto quedó en segundo plano.

Aunque sería de necios negar la importancia y el logro de la diplomacia que encarna el ver sentados en la misma mesa a dos gobernantes que apenas meses antes se mostraban los dientes, los interrogantes que dejó la cita invitan a moderar el optimismo.

Lo primero que no queda del todo claro es qué intereses finalmente motivaron a Trump. Si fueron los que le corresponde defender como jefe de Estado o si prevalecieron los suyos propios, que ahora pasan por el afán que tiene de relanzar su imagen con miras a conseguir su reelección. Dicho de otra forma: si su prioridad es enviarles a sus votantes el mensaje de que logró lo que ninguno de sus antecesores pudo sin importar el precio a pagar.

Y es que, tras el encuentro, sobre el mandatario llovieron críticas de demócratas, pero también de republicanos inconformes con la excesiva afabilidad mostrada frente a quien, como Kim, es señalado de múltiples y continuadas violaciones de los derechos humanos. Como si por momentos Trump olvidara que lo que está en juego no es la relación personal entre ambos, sino la complejísima maraña de intereses de todo tipo, propia de un vínculo binacional entre dos jugadores tan relevantes del ajedrez geopolítico mundial.

Ojalá vengan más logros, pero es necesario ser realistas y advertir que en este camino se transita
sobre arenas movedizas.

Es claro, en cualquier caso, que ambos quedaron satisfechos. Sobre todo Kim, quien consiguió que su contraparte anunciara la suspensión de los ejercicios militares conjuntos de su país con Corea del Sur, que tantos nervios le han provocado. Algo que, valga resaltarse, no aparece en la declaración final y que generó confusión entre los militares norteamericanos. Para el ‘querido líder’, el solo hecho de recibir el trato que recibió de su colega, con invitación a la Casa Blanca incluida, implica superar en un solo acelerón una serie nada despreciable de hitos en cuanto al lugar de su desprestigiado régimen en la escena internacional.

Menos conformes quedaron los analistas. Aunque aplauden el compromiso de Pionyang con la “completa desnuclearización de la península coreana”, con la entrega de restos de prisioneros y desaparecidos en combate durante la guerra de Corea y la voluntad mutua para establecer “un régimen de paz duradero y estable” con el que se ponga punto final, más de seis décadas después de dicha confrontación, no observan en el texto una línea clara para alcanzar estos objetivos. Una tarea para nada sencilla que les corresponderá a las delegaciones de parte y parte en negociaciones que comenzarán pronto.

Por supuesto que hay que hacer votos para que este clima de entendimiento continúe y pronto se tenga una hoja de ruta que termine en un acuerdo sólido de desnuclearización. Pero es necesario ser realistas y advertir que en este camino se transita sobre arenas movedizas.

editorial@eltiempo.com

Trump y Kim 1

En Singapur se reunieron Donald Trump, mandatario de Estados Unidos, y Kim Jong-un, el líder de Corea del Norte, con el propósito de dialogar en torno al desarme nuclear en el país asiático.

Foto:

Saúl Loeb / AFP

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