Editorial: En memoria de Guillermo Cano

Editorial: En memoria de Guillermo Cano

Su legado sigue vigente en este país, que aún no logra la paz que él tanto anheló.

16 de diciembre 2016 , 09:47 p.m.

El periodista bogotano Guillermo Cano Isaza, emblemático director del diario El Espectador, ha pasado a la Historia de Colombia como un sabio que con el único escudo de la verdad enfrentó a los peores hampones que el lector pueda imaginarse, como un hombre que dio su vida antes de rendirse en la defensa de la libertad de expresión: fue asesinado en su propio carro, a los 61 años, a las 7:15 p. m. del 17 de diciembre de 1986, por sicarios al servicio del cartel de Medellín, y desde entonces su crimen –declarado ‘de lesa humanidad’ en el 2010 por un fiscal de derechos humanos– se ha convertido en un triste ejemplo de lo difícil que ha sido en este país esclarecer los hechos, llegar a los nombres de los autores intelectuales de los magnicidios y los asesinatos de periodistas que han marcado estas últimas décadas.

Don Guillermo Cano Isaza fue, en efecto, aquel hombre que no transó con una mafia que había emprendido la conquista del Estado, y fue ese periodista íntegro que resultó asesinado por denunciar sin pausas los desmanes de todos los poderosos y por reivindicar la libertad de expresión hasta el último cierre de edición de su vida, pero también fue un maestro de grandes periodistas, un redactor que se codeó con los demás grandes escritores de su tiempo, una pluma envidiable que nunca pasó por encima de nadie para probar sus hipótesis, un miembro de familia entrañable a quien sus descendientes –varios de ellos grandes periodistas– siguen recordándolo por su generosidad, por su bondad, por su sentido del humor, por una lucidez que sigue hablándole a la Colombia de hoy.

Se cumplen 30 años del asesinato de don Guillermo Cano en una Colombia en mora de conseguir que sea impensable recurrir a la violencia para resolver los desacuerdos y los conflictos. Es un alivio que, mientras los narradores regresan a las figuras de los narcos que aterrorizaron al país, las nuevas generaciones sigan enterándose de su legado: la fundación que lleva su nombre continúa su defensa de la libertad de la prensa, y sigue dándole su ejemplo a este país, que no logra ponerse de acuerdo ni en la paz que don Guillermo tanto anheló.

editorial@eltiempo.com

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