En defensa de Gorgona

En defensa de Gorgona

Autoridades y científicos tienen que encontrar caminos intermedios entre seguridad y conservación.

17 de noviembre 2016 , 08:45 p.m.

Las más de 60.000 hectáreas de mar y tierra que tiene el Parque Nacional Natural Gorgona, en el Pacífico, conforman un núcleo de biodiversidad que debe llamar la atención de todo el país. Ahora se ha desatado una polémica, precisamente, por la posibilidad de que esta exuberante riqueza en especies de fauna y flora se vea afectada por la construcción de una estación de guardacostas de la Armada Nacional en la isla, que impactaría a más de 2,18 hectáreas en zona terrestre y tendría un muelle de más de 163 metros de largo.

Aunque la licencia para tal obra se aprobó hace casi un año y tuvo el visto bueno de Parques Nacionales Naturales de Colombia, las voces de alerta de la comunidad científica se han hecho sentir por las posibles consecuencias que tendría para los arrecifes coralinos y la selva húmeda tropical. Estos dos son ecosistemas invaluables para la investigación, debido a la ubicación de la isla.

Por ejemplo, según expertos internacionales, los arrecifes que allí se encuentran y que podrían verse afectados por el arrastre de sedimentos de la obra y el eventual vertimiento de gasolina por el transporte de las lanchas son los mejores desarrollados en el Pacífico suramericano y únicos en su comportamiento ecológico. Son, en otras palabras, una suerte de milagro para la investigación científica. En general, la isla es un santuario para continuar el estudio de especies amenazadas, como ballenas, tortugas marinas y aves.

Sin dejar de lado esta destacada cualidad de Gorgona, no se puede obviar el hecho de que sus aguas cercanas son una ruta clave para el narcotráfico en esta región y que la seguridad que pueda brindar la Armada es también un respaldo para salvaguardar la naturaleza. Sin embargo, la manera como se pretende imponer esa seguridad no es el mejor camino para la conservación. Debe primar la vocación de la isla como un laboratorio para la ciencia y un destino para el ecoturismo.

El Gobierno, la Armada y la comunidad científica tienen que encontrar caminos intermedios entre la seguridad y la conservación. Las típicas soluciones de infraestructura deben replantearse en un mundo que actualmente se ha volcado a encontrar “soluciones verdes”, que responden con creatividad a retos como este.

editorial@eltiempo.com

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