Editorial: En busca del ritmo perdido

Editorial: En busca del ritmo perdido

El desempeño económico durante este trimestre es insuficiente para atender tanto asunto pendiente.

29 de agosto 2016 , 07:28 p.m.

De unas semanas para acá, los analistas veían con un lente más oscuro el comportamiento de la economía colombiana durante el segundo trimestre del año. A pesar del recorte en los pronósticos, la realidad resultó ser peor, como bien lo dejó en claro este lunes el Dane.

Según la entidad, el aumento en el producto interno bruto entre abril y junio pasados fue de apenas 2 por ciento, con respecto a igual periodo del 2015. Para encontrar un dato así hay que remontarse al 2009, cuando los coletazos de la crisis financiera internacional nos golpearon de forma contundente.

En este caso, el motivo principal de la ralentización es el fin de la bonanza en los precios de las materias primas, el cual nos afecta todavía si bien las vacas gordas terminaron hace un par de años. Así lo demuestra la caída del 7,1 por ciento en el segmento de minería y petróleo, que luego de ser el de mayor dinámica al final de la década pasada es ahora la cenicienta de turno.

Y esta no fue la única actividad en rojo. El suministro de electricidad, gas y agua también se contrajo, como consecuencia del ahorro de energía que evitó la presencia de un racionamiento. La agricultura, a su vez, experimentó un leve retroceso debido a la última fase del fenómeno climático del Niño, que incidió sobre cultivos transitorios y permanentes.

La plana la logró enmendar en parte la industria manufacturera, el segmento más vigoroso de todos, con un alza del 6 por ciento en el trimestre. La plena entrada en operación de la refinería de Ecopetrol en Cartagena tuvo mucho que ver con la mejoría, aunque la devaluación del peso les devolvió la competitividad perdida a los fabricantes nacionales.

Tampoco le fue mal a la rama de establecimientos financieros, seguros, actividades inmobiliarias y servicios a las empresas. El aceptable desempeño de los índices de empleo influye en que la demanda de crédito hipotecario o comercial se comporte bien.

En cambio, la construcción entregó un balance mezclado. El ramo de la infraestructura mostró un bajón que sorprendió a más de uno, a la luz de las expectativas que despertó el ambicioso programa de desarrollo vial que impulsa la actual administración. Afortunadamente, la actividad edificadora sacó la cara, sobre todo en lo que atañe a la vivienda.

La combinación de los elementos mencionados dio como resultado una nota que puede calificarse de mediocre. En el acumulado del semestre, el crecimiento llegó al 2,3 por ciento, por lo que será necesario un gran impulso en lo que queda del calendario para alcanzar incluso la meta oficial revisada del 2,5 por ciento para el 2016.

Dado que un salto notorio es improbable, las autoridades deberán esforzarse con el fin de que la reactivación llegue más temprano que tarde. Ello obliga a tratar de acelerar las obras asociadas con las concesiones de cuarta generación, entre otras labores.

Como consuelo nos queda saber que superamos con creces el promedio regional, en el cual pesan la recesión de Brasil y el desplome de Venezuela. No obstante, es imposible conformarse con un 2 por ciento, insuficiente para que este país atienda una larga lista de necesidades. Por eso, la única opción es que la economía retome el ritmo perdido.

editorial@eltiempo.com

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