El zika en Miami

El zika en Miami

La presencia de la enfermedad en el país es un punto de inflexión en la salud pública estadounidense

05 de agosto 2016 , 12:01 p.m.

El zika, que para los estadounidenses no pasaba de ser una exótica enfermedad tropical, va camino de convertirse en una verdadera preocupación para las autoridades sanitarias de ese país por causa del registro oficial de los primeros casos autóctonos del mal en el sur de la Florida.

El asunto es tan serio que el Centro para el Control y Prevención de Enfermedades de EE. UU. (CDC) emitió una alerta el lunes pasado para que las mujeres embarazadas no visiten o se retiren de la localidad de Wynwood, en Miami, donde se detectaron más de 15 casos en menos de cinco días; una medida que en la práctica se convierte en un punto de inflexión en la salud pública estadounidense.

Aunque la recomendación, en países acostumbrados a enfrentar este tipo de contingencias, parece algo normal –tanto que en Colombia el Ministerio de Salud ya declaró el fin de la epidemia de zika–, en Estados Unidos no tiene precedentes. Los mismos funcionarios del CDC manifestaron que no recuerdan que en los 70 años de historia de esa institución se haya prevenido a los ciudadanos para que no visiten algún lugar dentro de su territorio.

Lo anterior se ubica como un referente de análisis obligado sobre la capacidad de expansión que demuestran algunos vectores como el Aedes aegypti, un mosquito que se ha adaptado a todas las condiciones del cambio climático y contra el que no existe hoy ninguna medida efectiva para combatirlo.

Ya es hora de que los norteamericanos y sus científicos entiendan, de una vez por todas, que, como les ocurrió con el dengue, el chikunguña y el virus del Nilo, el zika, lamentablemente, les llegó para quedarse y de que este tipo de males –transmitidos por zancudos– no son patrimonio del trópico y que frente a ellos su ubicación en el mapa no les concedía una vacuna natural.

Sin duda, que el mal se pasee por los patios y los restaurantes de Miami servirá para que se orienten más recursos, se aceleren las investigaciones para desarrollar vacunas y medidas para enfrentar efectivamente a este y otros virus parecidos que en el tercer mundo no son una rareza, sino que matan de verdad.editorial@eltiempo.com

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