El planeta hace la pausa

El planeta hace la pausa

Solo queda desear la mejor de las suertes a nuestra selección en la Copa del Mundo.

14 de junio 2018 , 12:00 a.m.

En un planeta cada vez más fragmentado, en el cual el entretenimiento se consume a la carta, es casi un milagro que sobreviva un evento como la Copa del Mundo de fútbol. Y que lo haga con su poder de atracción intacto y en aumento. En tiempos en los que los sucesos masivos escasean, así como los gustos e intereses transversales a todos los sectores de la población del globo terráqueo, este certamen todavía tiene la capacidad de convocar la atención de buena parte de los habitantes del globo durante un mes.

Para millones de niños, lo que ocurra en los doce estadios de Rusia en donde se disputará el torneo será una puesta en escena soñada: todos sus ídolos, o buena parte de ellos, entregando hasta la última gota de sudor por defender el honor de unos colores, los de cada nación. Solo eso. Para otro sector de la población, lo que tendrá lugar en el país de Vladimir Putin será sobre todo un multimillonario espectáculo, un verdadero circo de quilates y millones, incluso billones de dólares, y de ninguna manera ajeno al ajedrez de la geopolítica mundial.

Son los que saben que el Mundial de Fútbol cautiva por la magia que hay en los pies de Lionel Messi, Cristiano Ronaldo y James Rodríguez, por ejemplo; por la épica que jamás falta sobre todo en sus instancias finales, pero también es centro de miradas por el subtexto político que tiene cada una de sus ediciones. Cómo negarlo.

Los cálculos más optimistas sobre lo que puedan hacer los dirigidos por Pékerman, esos que rayan con el delirio, están suficientemente fundados.

Esta vez hay dos renglones fundamentales: el de la firme intención de Vladimir Putin de enviarle al mundo el mensaje claro y contundente de que la vieja Rusia renace con nuevos e imperiales bríos. Y el de la Fifa, que quiere pasar la página de los escándalos que hace apenas meses pusieron tras las rejas a buena parte de quienes por años ocuparon sus cargos más altos. Todo hay que decirlo: que el torneo se dispute en un país cuyo gobierno está lejos de ser referente de transparencia, respeto por las libertades individuales y buen gobierno es herencia de los años más oscuros del ente rector del fútbol mundial. Basta recordar el ambiente turbio en el cual se decidió que Rusia y Catar serían los anfitriones de los mundiales de 2018 y 2022, respectivamente.

Dicho lo anterior, hay que invocar una y mil veces el mantra de Diego Armando Maradona según el cual, pase lo que pase en los escritorios, la pelota no se mancha. Y es así como a partir de hoy y hasta el domingo 15 de julio, más de tres mil millones de seres humanos estarán pegados a las pantallas para el consabido acto cuatrienal de renovación de la fe en un dogma escrito con gambetas, chilenas, recias entradas y goles.

La buena noticia es que una vez más Colombia será protagonista. Quiso el destino que el Mundial, como ocurre siempre, se lleve a cabo en días electorales. Como si fuese un guiño de la Providencia, esta coincidencia suele ayudar a cicatrizar heridas, a devolver aguas a su cauce, a volver a poner a los más de 40 millones de corazones de este país a latir en el mismo compás y con el mismo fin: el del sueño de que esta sea otra actuación magistral. En esta ocasión, como nunca antes, los cálculos más optimistas sobre lo que puedan hacer los dirigidos por Pékerman, esos que rayan con el delirio, están suficientemente fundados. Solo queda desear la mejor de las suertes a nuestra selección.

editorial@eltiempo.com

Selección Colombia

Selección Colombia, rumbo a Rusia.

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