El legado de Sergio Jaramillo

El legado de Sergio Jaramillo

Resulta importante reconocerle esa rara vocación a reivindicar lo colectivo.

02 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

Sergio Jaramillo Caro tuvo claro, desde hace varios años, que Colombia no podía resignarse a buscar la paz en medio de la guerra.

En lo que va de este siglo trabajó en temas relacionados con el conflicto, en la Fundación Ideas para la Paz o en la academia, pero, sobre todo, formó parte –como reivindicando lo técnico por encima de lo político y lo electoral– de los últimos tres gobiernos del país: en el de Andrés Pastrana participó en las investigaciones de paz del cuerpo diplomático; en el de Álvaro Uribe fue, de 2006 a 2009, viceministro para los derechos humanos y los asuntos internacionales del Ministerio de Defensa; en el de Juan Manuel Santos pasó de ser el alto asesor presidencial de Seguridad Nacional a ser el Alto Comisionado para la Paz que consiguió desarmar a las Farc.

Habría que reconocerle a Jaramillo la reivindicación de la prudencia, de la convicción de que las instituciones deben estar por encima de las contingencias políticas

Esta semana se supo que desde ahora será el embajador colombiano en Bélgica. Y es una buena oportunidad no solo para reconocerle una labor que era fácil considerar imposible y cumplió: hoy, las Farc ya no están alzadas en armas, sino para determinar, luego de 17 años en los últimos 3 gobiernos, el tamaño de su legado, que comienza por este hecho histórico.

Aparte de lo evidente, aquello de diseñar el fin del conflicto y de comandar, con Humberto de la Calle, el equipo que consiguió terminar con una guerra que parecía interminable, habría que reconocerle a Jaramillo la reivindicación de la prudencia, del estudio apasionado descargado de animosidades, de la seriedad, de la convicción de que las instituciones deben estar por encima de las contingencias políticas, del conocimiento profundo de la historia del país a la hora de participar en los gobiernos.

Que Jaramillo le haya servido al Estado en tres mandatos diferentes, a su país, en todo caso, sin perder el tiempo en las discusiones electorales, ni caer en la trampa de los señalamientos, es una lección que no debería dejarse pasar de largo. Él ha dejado a su paso, también, un grupo de mujeres y de hombres comprometidos –desde la academia y la comunicación– con la construcción de un país que libre a la política de la violencia: resulta importante reconocerle, asimismo, esa rara vocación a reivindicar lo colectivo.

- editorial@eltiempo.com

Sergio Jaramillo Alto Comisionado para la Paz

Sergio Jaramillo Alto Comisionado para la Paz

Foto:

Carlos Ortega / EL TIEMPO

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