Editorial: El juego sucio de Rusia

Editorial: El juego sucio de Rusia

Existe una trama de dopaje en el deporte a un nivel que bien merece el calificativo de colosal.

09 de diciembre 2016 , 08:47 p.m.

Para todos aquellos comprometidos en la lucha contra el dopaje, la segunda edición del informe de la Agencia Mundial Antidopaje (AMA) sobre el alcance de dicho flagelo en Rusia, revelada esta semana, fue una cruda confirmación de muchos de sus más oscuros temores.

Y es que la investigación contiene elementos suficientes que sustentan la existencia de una trama de dopaje a un nivel que bien merece el calificativo de colosal. Según esta indagación, tal modalidad de trampa en las competiciones deportivas habría sido nada menos que política de Estado, y no de cualquiera: de la muy poderosa Rusia, una auténtica potencia global en competencias del músculo.

De acuerdo con el contenido del también llamado ‘Informe McLaren’ –por el apellido del abogado canadiense que dirigió la investigación–, esta empresa criminal habría beneficiado a cerca de 1.000 atletas de 30 federaciones entre finales del 2011 y agosto del 2015. Y en ella habrían participado distintas entidades estatales, incluida la FSB, policía secreta que tomó el lugar de la célebre KGB.

Los detalles revelados son aterradores: dan cuenta de cómo no solo toda la maquinaria estatal se puso al servicio del desarrollo de sustancias que mejoraran el desempeño de los deportistas, sino de cómo se ingeniaron procedimientos fraudulentos para violentar los contenedores de las muestras de orina de quienes habían ingerido dichos medicamentos. Estos eran sustituidos por muestras ‘limpias’ antes de su envío para análisis en los laboratorios de la AMA. Incluye también pormenores sobre cómo lograban que la apariencia física de ambas fuera idéntica tras todo tipo de manipulaciones indebidas.

De igual manera, cuando el análisis se hacía en el país, sin importar que el resultado fuera positivo, este era registrado como negativo por las autoridades en el sistema Adams, base de datos internacional que lleva un estricto registro de los sancionados por esta causa.

La publicación del informe ya tuvo una repercusión: todas las muestras de los 254 atletas del país de Vladimir Putin que tomaron parte en los Juegos Olímpicos de Invierno de Sochi 2014 se volverán a analizar, tal como lo anunció ayer el Comité Olímpico Internacional. Esto, en lo concreto; en términos más generales, es claro que un manto de duda ya cubre todos los logros deportivos de los representantes de esta nación en la última década.

El Gobierno ruso ha negado una y otra vez la veracidad de dichos señalamientos reafirmando un supuesto compromiso con una política de tolerancia cero frente al fenómeno, postura que más parece un formalismo diplomático que un planteamiento con el debido sustento.

Dado este panorama, podría parafrasearse a Clausewitz y afirmar que estamos ante una prueba contundente del deporte como continuación de la política, pero por otros medios. Porque lo que denuncia la AMA no disuena –todo lo contrario– en un conjunto de revelaciones de cómo la Rusia de Putin se ha venido comportando en otros campos de su política exterior. Aquí hay que mencionar sus estrategias en el ámbito de internet, con hackers y agencias dispuestas a difundir noticias falsas. En suma, propensión al juego sucio.

editorial@eltiempo.com

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