El futuro de los emberas

El futuro de los emberas

Cada vez es más común verlos desprotegidos, segregados, en la tarea de pedir dinero en las calles.

18 de mayo 2018 , 12:00 a.m.

El sábado 12 de mayo, una mujer de la comunidad embera dio a luz un bebé en la populosa estación Terminal de TransMilenio. Tuvo que ser asistida por uno de los policías que estaban de guardia. Y, luego de recibir a su hijo, entre los pasajeros de aquella abrumadora estación en la calle 187 con la autopista Norte, fue trasladada en una ambulancia al hospital Simón Bolívar. Por supuesto, la Policía especializada de TransMilenio ha anunciado que seguirá de cerca el caso, en procura del bienestar tanto de la madre como del recién nacido. Si esa fuera la historia entera, pues podría decirse que tuvo un final feliz.

Pero no se trata de una simple anécdota ni de un caso sorprendente, de esos que llegan hasta las secciones curiosas de los noticieros, sino de una nueva señal del drama social que han venido encarando los emberas en la enorme y desproporcionada ciudad de Bogotá. Hace unos meses, un mediodía de finales de octubre de 2017, cuatro indígenas de aquella comunidad tuvieron un enfrentamiento violento con agentes de la policía de TransMilenio luego de haberse colado –según reconocieron– en la estación Centro Memoria en la calle 26 con la carrera 19: más allá de cualquier conjetura, de si los unos o los otros fueron los primeros en cruzar la línea que no se debe cruzar, la pelea que llegó a los medios de comunicación dejó entrever la grave situación de esta etnia.

Es hora de pensar desde la sociedad bogotana, desde la Administración Distrital, en resolver la desprotección y la incertidumbre de estos colombianos.

Crece día a día el número de indígenas de la comunidad que han venido a Bogotá. Cada vez es más común verlos, desprotegidos, segregados, en la tarea dolorosa de pedir dinero en las calles de la ciudad. Cada día es más común que se conviertan en víctimas de trata de personas. Es hora de pensar desde la sociedad bogotana, desde la Administración Distrital, en resolver la desprotección y la incertidumbre de estos colombianos. La historia del sábado pasado es la de un nacimiento, pero también la de un futuro incierto.

editorial@eltiempo.com

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