Editorial: El desminado sigue

Editorial: El desminado sigue

Cada mina arrancada puede ser una vida salvada o significar el futuro de un niño.

17 de octubre 2016 , 12:42 a.m.

El sábado pasado, el presidente Santos asistió al acto en el cual los municipios antioqueños de Nariño, Guatapé y La Unión fueron declarados libres de sospecha de contaminación de minas antipersonas. Esta es una noticia que debe alegrar no solo a los moradores de aquellas comarcas, sino al país en general.

El hecho es muy positivo, comenzando porque se confirma que admirables personas continúan a diario, en silencio, esa valiosa y riesgosa tarea, en busca de salvar vidas. Y que el Estado sigue honrando el compromiso de limpiar de estos mortales artefactos la tierra fértil que daba cosechas de pancoger, en la que nunca debieron sembrarse las letales trampas.

El propósito es que esta martirizada nación, la segunda en el mundo con más minas, de aquí al 2021 esté limpia; y para lograrlo, hoy –según palabras del Presidente– se está realizando la tarea en 48 de los municipios más afectados.

Ya son, con estos tres, ocho por los que se puede caminar y laborar con mayor tranquilidad. Además, San Carlos y San Francisco, en Antioquia; El Dorado, en Meta; Zambrano, en Bolívar, y San Vicente de Chucurí, en Santander, también son transitables; sus habitantes pueden dar el paso sin la corazonada del estruendo ni la desgracia subsiguiente, que significa muerte o mutilación, como secuelas de esta guerra que no logramos detener aún.

El desminado sigue, por fortuna, sin descanso. Un país como el nuestro, que ha puesto más de 11.000 víctimas, entre civiles y uniformados, con casi 1.250 niños como parte ese doloroso número, debe alegrarse casi hasta la lágrima cada vez que un nuevo municipio logra liberarse de las tarascas. Porque cada mina arrancada puede ser una vida salvada o significar el futuro de un niño; en fin, salvar de una tragedia irreparable a un hogar. Y porque estas torpezas dejadas por los protagonistas del largo conflicto no se apagan con la firma de los acuerdos, sino que duran años, esperando un pie.

Pero la firma sí es un paso adelante en el empeño de que quienes las plantaron puedan ser importantísimas fuentes y actores para que un día no lejano sea posible transitar este país en verdadera paz.

editorial@eltiempo.com.co

Columnistas

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