El contagio surcoreano

El contagio surcoreano

Un trama de amistades peligrosas y corrupción tiene como protagonista a la presidenta Park Geun-hye.

06 de diciembre 2016 , 08:44 p.m.

El escándalo que se ha desatado en la lejana Corea del Sur con su presidenta, Park Geun-hye, acusada por la Fiscalía de ser cómplice de su amiga Choi Soon-sil, que habría sobornado y pedido millonarios recursos a entidades públicas y grandes grupos económicos aprovechándose de su amistad con la mandataria, pone sobre el tapete que, en materia de corrupción, en todas partes se cuecen habas.

A Choi Soon-sil la llaman ‘Rasputina’, pues, al igual que el famoso ‘monje loco’, un oscuro consejero del zar Nicolás II de Rusia a comienzos del siglo XX, la confidente coreana es hija de una enigmática figura religiosa, Choi-Tae-Min, jefe autoproclamado de la Iglesia de la Vida Eterna, una secta de la cual se dice que utiliza ritos chamánicos en los que, al parecer, habría participado la mandataria.

Y toda esta trama de amistades peligrosas y posible corrupción tiene como protagonista a una dirigente que es hija del legendario general Park Chung-hee, quien gobernó con mano de hierro el país en las décadas de los 60 y 70 y, a pesar de que fue dictador, sembró las bases del alto grado de desarrollo del cual goza ese pequeño país, del tamaño del departamento del Amazonas pero con 50 millones de habitantes y una de las tasas de crecimiento económico más altas del mundo.

El próximo viernes, el parlamento votará una propuesta para iniciarle un juicio político a la presidenta Park que podría llevarla a una suspensión de un máximo de 180 días y posteriormente a una posible destitución. Sería la primera mandataria en casi tres décadas de democracia en no completar su mandato de cinco años, que cumpliría en febrero del 2018.

Corea del Sur –joven como país, pues nació en 1948 en su forma actual, pero milenaria en historia– ha dado lecciones al mundo de que con trabajo y educación se puede salir rápidamente de la miseria. No hay que perder de vista que hace 65 años quedó devastada por un conflicto de Guerra Fría en el que participaron China, la entonces Unión Soviética, Estados Unidos y otros 21 países –entre ellos Colombia– y que al final la dividió en dos.

El escándalo está servido. Por lo pronto, estamos ante una nueva evidencia de que la zona gris de lo público y lo privado es terreno apetecido por los inescrupulosos. En cualquier latitud.

editorial@eltiempo.com

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