El castigo de los puntos

El castigo de los puntos

Se trata de grupos delictivos a los que ya poco o nada les importa el rendimiento de los jugadores.

15 de abril 2017 , 04:01 a.m.

Varios hechos ocurridos en las últimas semanas han servido para recordar que el problema de la violencia en el fútbol sigue latente y lejos de solucionarse. Ante esto, el presidente de la División Mayor del Fútbol Colombiano, Jorge Perdomo, ha dicho que someterá a consideración de los clubes que la conforman una medida audaz: que los equipos cuyos fanáticos protagonicen actos de este tipo sean castigados con pérdida de puntos.

Si se observan el crecimiento del fenómeno y el aumento en la temeridad de los actos de algunas barras, se puede concluir que las medidas implementadas hasta ahora se han quedado cortas y es necesario buscar nuevas herramientas. En este orden de ideas, hay que valorar el esfuerzo de Perdomo.

Pero cualquier discusión debe llevar a examinar también qué ha pasado con las ya existentes y, sobre todo, con el grado de compromiso de más de un equipo y de sus administradores, con el objetivo de alejar para siempre la violencia del entorno futbolero.

Aquí encontramos todo un paquete de medidas que obligan a clubes, con apoyo del Estado, valga decirlo, a implementar recursos tecnológicos de control a fanáticos que hoy brillan por su ausencia. También hallamos relaciones muy cercanas de líderes de barras con directivos. Este vínculo tiene lugar en varias modalidades, algunas más transparentes que otras: desde el pago por cuestionables servicios con boletas y viajes hasta la prestación de servicio de logística en una tribuna.

Hay que mencionar también que, en muchas ocasiones, el asunto ha trascendido, de lejos, lo deportivo, y se trata de grupos delictivos a los que ya poco o nada les importa el rendimiento de los jugadores. En estos casos, siempre pesará más una victoria en su lógica de confrontación que tres o más puntos en la tabla de posiciones.

Teniendo en cuenta lo anterior, hay que advertir varias cosas: el riesgo de que esta no disuada a los protagonistas de tales hechos, la necesidad de que su eventual aplicación sea eficaz en términos de que realmente castigue a aquellos equipos que han traspasado líneas rojas con acciones u omisiones y, sobre todo, que puede ser mucho más efectivo un ejercicio previo de autocrítica que ponga fin a esas malas prácticas que están en la raíz del problema.editorial@eltiempo.com.co

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