El caso Colmenares

El caso Colmenares

Seis años después de este mediático juicio, el país sigue sin saber la verdad de lo que pasó.

21 de febrero 2017 , 09:45 p.m.

Los colombianos, con aceptación o desilusión, asistimos a un nuevo capítulo de este largo y enmarañado juicio que se desprende de la trágica muerte del joven estudiante Luis Andrés Colmenares Escobar.

A sus 20 años, este universitario se convirtió en el desafortunado protagonista del que, sin duda, ha sido el proceso judicial más mediático –con todos los lastres que esto implica– de los últimos tiempos en Colombia.

Puede calificarse como una verdadera novela judicial que se inició el 31 de octubre del 2010 y, para mal de la justicia, ha tenido tantos capítulos en los medios de comunicación como en los estrados.

Abogados de campanillas, falsos testigos, la juventud y la condición acomodada tanto del fallecido como de los que fueron señalados de tener relación con su muerte y muchas actuaciones, al menos polémicas, de los operadores judiciales se han juntado en todos estos años para convertir el caso Colmenares, como se lo conoce, en una suerte de thriller que la opinión pública consume ávidamente y sobre el cual formula juicios al vaivén de percepciones, y no necesariamente de hechos judicialmente comprobados.

Con semejante carga a cuestas, la jueza 11 de Conocimiento, Paula Astrid Jiménez, acaba de absolver a Laura Moreno y a Jessy Quintero, compañeras de estudios de Luis Andrés, acusadas por la Fiscalía como partícipes en los sucesos. Su declaración de inocencia, que será apelada por la familia y la Fiscalía ante el Tribunal Superior de Bogotá, ha generado toda suerte de reacciones. Desde las de quienes piensan que la decisión está apegada a las numerosas pruebas que obran en el expediente hasta las de aquellos que hablan de una nueva demostración de que la justicia no toca sino a los de ruana.

Pero la justicia ha hablado, y lo que procede, más allá de comprensibles insatisfacciones, es respetar sus dictámenes. Sin desconocer, claro está, el pleno derecho que les asiste a quienes consideran que no hay justicia a apelar ante las instancias concedidas por el ordenamiento judicial.

Hay que recordar que en el mismo proceso ya había sido absuelto, en primera y segunda instancias, Carlos Cárdenas, también cercano a Colmenares y señalado por la Fiscalía de la autoría material de una muerte aquella noche aciaga, cuyas circunstancias –homicidio o accidente– siguen estando en discusión.

Seis años y casi cuatro meses después, todos los procesados por el caso han sido absueltos y, así, la verdad judicial sobre los luctuosos hechos sigue simplemente en ceros. Esa es una realidad en un proceso que, no se puede desconocer, ha surtido las instancia de la ley y acudido a la ciencia moderna; pero que aún, desafortunadamente, continúa en la misma penumbra de aquella noche de brujas.

El mejor homenaje a Luis Andrés no es, necesariamente, una condena dictada por los jueces. Que si a ella hay lugar, se aplique. Pero sí lo es, en cambio, el pleno esclarecimiento de lo que pasó ese 31 en el norte de Bogotá y que, sin ambages, tanto la atribulada familia como el país sepan si la muerte del joven universitario fue un crimen o producto de un absurdo accidente.

editorial@eltiempo.com

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