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Editorial: Romper las cadenas

Es una de las grandes vergüenzas de la humanidad: que en pleno siglo XXI se sepa a ciencia cierta que en casi todos los países del mundo sigue el delito de trata de personas –el comercio de seres humanos con el propósito de explotarlos sexualmente, someterlos a trabajos forzados o extraerles los órganos– recuerda que el gran fracaso de la especie ha sido, hasta hoy, su tremenda incapacidad para respetar la vida, y significa, para llamar las cosas por su nombre, que la esclavitud sigue existiendo en la Tierra. Según los más recientes informes sobre la trata de personas, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hoy en día hay en el mundo cerca de 2’500.000 víctimas de este atropello. De acuerdo con nuestra Cancillería, en los últimos tres años 133 colombianos han caído en esa trampa.

Por supuesto, se trata de despertar de una buena vez de semejante pesadilla. Y para ello, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Colombia ha ideado una campaña original, inteligente, chocante, que pone en evidencia aquel horror. En los últimos días, en las populosas calles de Bogotá, de Cali y de Pereira –tres ciudades en donde es común este flagelo–, la ciudadanía se sorprendió y, según se reporta, pocas veces supo cómo reaccionar ante los gritos y los lamentos de alguna mujer encadenada o algún hombre sometido que aparecía de pronto en una estación de bus o en una banca de una plaza. El experimento probó, por ejemplo, que en Bogotá tiende a ser mucho más difícil que alguien se atreva a rescatar a aquellas víctimas interpretadas por actores, y que quienes finalmente se lanzan a socorrer a los supuestos maltratados resultan ser, en la mayoría de las ocasiones, personas de los estratos uno y dos.

A estas escenas, que han sido llamadas “intervenciones sociales”, se les sumarán muy pronto una serie de comerciales, afiches y charlas en las ciudades donde ha habido más víctimas. Se trata, sin duda, de una campaña para aplaudir. Si en apenas un par de días ha conseguido captar la atención de la opinión, cabe esperar que dentro de poco logre poner en estado de alerta e invitar a la solidaridad a la población colombiana.

EDITORIAL
editorial@eltiempo.com.co

Es una de las grandes vergüenzas de la humanidad: que en pleno siglo XXI se sepa a ciencia cierta que en casi todos los países del mundo sigue el delito de trata de personas -el comercio de seres humanos con el propósito de explotarlos sexualmente, someterlos a trabajos forzados o extraerles los órganos- recuerda que el gran fracaso de la especie ha sido, hasta hoy, su tremenda incapacidad para respetar la vida, y significa, para llamar las cosas por su nombre, que la esclavitud sigue existiendo en la Tierra. Según los más recientes informes sobre la trata de personas, de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) y la Organización de las Naciones Unidas (ONU), hoy en día hay en el mundo cerca de 2'500.000 víctimas de este atropello.

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