¿Dónde está el piloto?

¿Dónde está el piloto?

Si el mundo fuera un avión, su visibilidad se limitaría y sin certeza de quién está al mando.

11 de junio 2017 , 04:12 a.m.

Ante los hechos ocurridos en los últimos días en el planeta, podría decirse que si el mundo fuera un avión próximo a aterrizar, estaría en la obligación de reportarle a la torre de control una visibilidad de muy pocos metros. Más grave aún, sería necesario también informar sobre una falta de certeza respecto a quiénes de los ocupantes están al mando.

Si la elección de Emmanuel Macron como presidente francés había significado un cierto respiro por la tranquilidad de tener al frente de una las potencias mundiales a un líder competente en tiempos en que esta no parece ser propiamente la tendencia, lo sucedido esta semana en Estados Unidos, Gran Bretaña, Oriente Medio e incluso Corea del Norte –desde donde han vuelto a lanzarse amenazantes misiles balísticos– ha obligado a muchos, de nuevo, a contener la respiración.

Una inestabilidad e incertidumbre de este talante solo pueden ser posibles cuando la principal potencia del planeta vive días de gran confusión. A los nubarrones que trajo sobre Washington la llegada a la casa Blanca de una persona como Donald Trump se sumaron vientos cruzados provenientes del Capitolio.

Allí, el exdirector del FBI James Comey, en declaración ante el comité de inteligencia del Legislativo estadounidense, fue enfático y –algo cada vez más difícil por estos tiempos en aquellas latitudes– muy creíble, en un testimonio en el cual no solo acusó al Presidente de haber mentido y de haberle pedido detener las pesquisas sobre el papel de Rusia en su campaña presidencial, sino que además dijo estar seguro de que este país, en efecto, había influenciado la contienda. Y da una idea de lo complejo –algunos hablan de cantinflesco– de la situación el que Comey haya dicho “Dios quiera que existan y aparezcan”, en relación con las supuestas grabaciones de sus encuentros con el mandatario, a las que este último se ha referido en sus trinos.

Si una conclusión queda de este nuevo capítulo es que Trump es cada vez más indefendible para su partido. Ahora bien, se ve lejano un escenario en el que este le dé la espalda y precipite un proceso de destitución en el Congreso. Por ahora, el inquilino de la Oficina Oval deberá concentrarse en demostrar que no llegó allí con ayuda de Rusia y, más importante, que está capacitado para liderar a su país. Es aquí donde la opción de una confrontación bélica puede coquetearle a manera de atajo en pos de dicho objetivo. Tentación que sus asesores más curtidos tienen el deber moral de mantener alejada.

Mientras todo esto ocurría, del otro lado del Atlántico fuertes vientos de incertidumbre azotan al Reino Unido luego de conocerse los resultados de las elecciones que convocó la primera ministra, Theresa May, para el jueves pasado y con la intención de robustecer las mayorías de su partido, el Conservador, de cara a la negociación de los términos del ‘brexit’. Sin embargo, le salió el tiro por la culata: aunque su colectividad sigue siendo la que más escaños tiene en el Parlamento, cedió terreno frente a los laboristas, que lograron su mejor desempeño en las urnas desde 2005.

En vista de tal guarismo, antes que renunciar, la Primera Ministra optó por buscar una coalición con un partido ultraconservador, el Unionista de Irlanda del Norte, la cual le permitiría conformar gobierno, sí, pero sin la mayoría absoluta y a un costo que puede resultar demasiado alto. Es, en fin, una posición muy débil la de May de cara al tamaño de los retos que tiene por delante, desafíos que pasan por los términos en los que se dará la salida de la Unión Europea.

Cuánta falta hacen liderazgos sólidos en estas dos potencias para cohesionar un frente diplomático que evite que la tensión en Oriente Medio siga escalando. Y es que la madeja geopolítica de esta parte del mundo se enredó aún más –si es que es posible– tras los ataques de Isis en Teherán. El país de la revolución islámica con mayoría chií era el blanco más apetecido por los extremistas sunitas. Esta antigua confrontación entre las dos ramas del islam es también el marco del conflicto entre los países de la región que, liderados por Arabia Saudita y aupados por Estados Unidos, decidieron romper relaciones, de una manera bastante radical en las formas, con Catar. Ya el viernes Washington, que tiene su principal base aérea de la zona en el emirato objeto de las sanciones, dio señales de querer dar marcha atrás, proceder errático que a estas alturas a nadie sorprende.

No obstante, también hay luces en la aproximación a la pista. Basta remitirse a la manera como el planeta reaccionó al anuncio de Trump de retirarse del Acuerdo de París, apreciando nuevos y refrescantes liderazgos. Así mismo, a la actitud optimista que llevó a muchos jóvenes a las urnas en el Reino Unido. No es la primera vez en la historia que la visibilidad se reduce para la humanidad. Ni que hay un relevo de pilotos. Solo resta esperar que se haga lo necesario para que un aterrizaje forzoso no sacuda más de la cuenta a los pasajeros.

editorial@eltiempo.com.co

MÁS EDITORIALES

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA