De redes, temblores y rumores

De redes, temblores y rumores

Por suerte, la información falsa que circuló sobre el sismo del domingo no superó la anécdota.

31 de octubre 2016 , 07:50 p.m.

En principio, las imágenes de cientos de bogotanos recibiendo la madrugada a la intemperie tras los dos temblores que se sintieron en la ciudad –y en buena parte del país– el pasado domingo en la noche podrían ser una buena señal. Bien podrían interpretarse como el trabajo de prevención que ha promovido el Distrito desde hace varios años y que anualmente refuerza su mensaje en el simulacro que tuvo lugar el pasado miércoles.

Y aunque sin duda muchos pusieron en práctica los consejos sobre cómo comportarse durante un movimiento telúrico, que incluye una evacuación ordenada mientras se verifica que el inmueble que se ocupa no sufrió daños estructurales, lo cierto es que una buena parte de quienes pasaron, dicho coloquialmente, una noche de perros el domingo fue por causa de por lo menos dos mensajes sin fundamento real que circularon por las redes sociales sobre la inminencia de un tercer sismo, mucho más fuerte.

De esta manera se demuestra, una vez más, el potencial de estos nuevos canales para incidir en los comportamientos de la gente. Por suerte, esta vez lo ocurrido no superó la anécdota, pero sí alcanza para recordar el riesgo de que un mensaje falso similar desencadene una tragedia.

Las preguntas iniciales son por qué información fantasiosa encuentra tantas personas dispuestas a creerla. Por qué, por ejemplo, así se haya dicho hasta la saciedad que un sismo no se puede predecir, este dato no sea tenido en cuenta en el marco de la propagación de un rumor que habla de la proximidad de uno. No es el caso, a estas alturas, profundizar en estos interrogantes, que, por cierto, y como se ha visto en los últimos días, no solo atañen a los asuntos geológicos.

Sí corresponde, en cambio, invitar a las entidades encargadas de la prevención y atención de desastres a tener en cuenta estos nuevos factores y buscar maneras efectivas de contrarrestarlos. La primera de ellas, con redes de distribución de información fidedigna ojalá igual de efectivas que aquellas que propagan rumores. Dada la ventaja con la que estos comienzan, está demostrado, la tarea requiere no solo duplicar esfuerzos, sino mucho, mucho ingenio.editorial@eltiempo.com

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