Cuidado con el polvorín

Cuidado con el polvorín

Los arrebatos del líder de Corea del norte se suman a la probada intemperancia de Trump.

06 de julio 2017 , 12:00 a.m.

La prueba, el martes pasado y al parecer exitosa, de un misil balístico de Corea del Norte que podría alcanzar a Alaska se tradujo en horas de insomnio para millones en el planeta.

Una lista encabezada por los líderes de China, Japón, Rusia y Corea del Sur. Para Donald Trump, por su parte, fue un motivo más de inspiración y preocupación en sus trasnochadas consagradas a las redes sociales. “¿Es que este señor no tiene nada más que hacer?”, trinó en alusión a su homólogo, el joven Kim Jong-un, y, por primera vez desde que llegó a la Casa Blanca, muchos en el mundo se preguntaron lo mismo que él.

La situación es esta: los arrebatos del líder de la república del norte, combinados con una tensión con la del sur que acumula varias décadas, fruto de una guerra que, en rigor, nunca terminó, se suman a la probada intemperancia de Trump y forman un temible polvorín.

Misil de Corea del Norte

Corea del Norte dijo que lanzó un misil de largo alcance, aunque la comunidad de expertos dijo que es de mediano alcance.

Foto:

AFP

Expertos hacen cálculos aterradores sobre lo que podría pasar en caso de que una chispa lo haga estallar. En cuestión de horas, afirman, los muertos en ambas Coreas y en Japón se contarían por cientos de miles, y el riesgo de que la confrontación escalara al lenguaje nuclear sería de un nivel que el planeta todavía no ha conocido. Nadie con un miligramo de sensatez quiere un escenario así.

Y menos en su patio trasero. De ahí la declaración de los líderes chino y ruso, Xi Jinping y Vladimir Putin, para solicitarle a su homólogo del norte suspender estos juegos de guerra, al tiempo que también pidieron al sur y a Estados Unidos poner pausa a ejercicios conjuntos como aquel que sirvió de respuesta a la escaramuza de marras.

Con la situación en este punto, la cumbre del G20 que comienza mañana en Hamburgo adquiere un cierto carácter providencial. Se espera que este sea el escenario en el que las potencias involucradas tracen una estrategia nueva –y, sobre todo, que no se limite a los ‘buenos’ oficios chinos– para disuadir a Pyongyang de persistir en una aventura que, es obvio, terminaría en un abismo para el régimen comunista al mando, pero también para el pueblo.

Que quede claro: la diplomacia es el único camino; acciones militares de carácter quirúrgico para neutralizar las principales armas del régimen no son una opción. La pólvora está demasiado seca.

- editorial@eltiempo.com

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