Editorial: Coro nacional por el acuerdo

Editorial: Coro nacional por el acuerdo

La paz, o un acuerdo pronto con las Farc, es un sentimiento cada vez más espontáneo y general.

10 de octubre 2016 , 08:07 p.m.

La gran manifestación de estudiantes el miércoles pasado en la plaza de Bolívar, el clamor de ‘¡acuerdo ya!’, ‘¡paremos la guerra!’ eran una llama contra vientos cruzados que se ha extendido por todo el país y el exterior. Allí, vigilados por el Libertador, en representación de los municipios que han padecido el conflicto, hay aún 60 carpas, donde personas de diversa índole esperan que se llegue al anhelado acuerdo.

En Cali, este domingo, miles de manifestantes gritaron que ‘Sí + No’, es decir, todos, debemos propender a que se mantenga el cese bilateral del fuego y no haya dilaciones para un pacto final.

Al mismo tiempo, más de 380 destacados empresarios del país, en un corto pero contundente comunicado, hicieron un llamado general a los del Sí, a los del No y a las Farc para que se concrete el acuerdo en forma expedita.

Es, cada vez más, un coro nacional. No solo las víctimas, los estudiantes, los indígenas, los afros y varios otros sectores de las fuerzas vivas, sino también el empresariado, que hace parte de ese empeño. Saben lo que significa la confianza para invertir en un país tranquilo, con fusiles fundidos antes que apuntados, y lo que beneficia al país todo, más en estos momentos, que este mensaje llegue al resto del mundo.

Y este mismo lunes, el delegado del Secretario de Naciones Unidas para el Proceso de Paz en Colombia, Jean Arnault, reiteró la disposición de la Misión a seguir colaborando para mantener el alto el fuego y confirmó que esta le pedirá al Consejo de Seguridad que amplíe su mandato a la etapa actual de renegociación. Recalcó, así mismo, la necesidad de un consenso para sacar adelante el proceso.

La paz, o un acuerdo pronto con las Farc, es un sentimiento cada vez más espontáneo y general. Y debe tener eco claro en las partes, en especial en la guerrilla. Y en todos, para que haya realismo, para “deponer los intereses particulares”, como dicen los empresarios. Nadie puede taparse los oídos sin pensar en el país de los que trabajan hoy, de las víctimas y los estudiantes y de quienes son los herederos de sus decisiones y propuestas. Todos los protagonistas tienen que estar a la altura de este momento histórico. El país lo exige.editorial@eltiempo.com

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