Comisión de la verdad

Comisión de la verdad

La idea no ha sido ahondar los conflictos sino conseguir la reconciliación de la sociedad.

10 de abril 2017 , 01:43 a.m.

En los países en conflicto, cuando se habla de una ‘Comisión de la Verdad’ se habla de una sociedad que ha tomado la decisión de reponerse.

En Colombia, con el propósito de alcanzar la triada de “justicia, verdad y reparación”, con la angustia de aquellos que son testigos de una guerra que se ha vuelto costumbre y con la ansiedad de quienes no ven la hora de corregir la impunidad rampante, se ha venido discutiendo la puesta en marcha de una Comisión desde mucho antes de que llegara el fin del conflicto con las Farc y lo cierto es que, aun cuando se haya llegado a ella en medio de semejante polarización, resulta de vital importancia el hecho de que el presidente Santos haya firmado la semana pasada el decreto que la crea.

La Comisión, que hace parte de la justicia transicional pensada desde el pacto de paz, pero que es de carácter extrajudicial –y que sigue el ejemplo de las de Sudáfrica, de El Salvador, o de Argentina–, tiene como propósito contar la historia del conflicto armado para que no se repita: pretende reconstruir los horrores que sucedieron durante la larga guerra, hacer un inventario de las degradaciones que sufrió esta democracia tan frágil por efectos de la violencia incesante, reconocer las persecuciones inclementes que han sufrido las mujeres y los líderes sociales y las comunidades étnicas, y, sobre todas las cosas, concluir quiénes son los responsables de todo lo que sucedió.

La entidad, que será un grupo de once personas seleccionadas por el mismo comité de expertos que elegirá a los jueces de la Justicia Especial para la Paz, es una figura necesaria en un proceso que tiene como protagonistas a las víctimas. Traerá a cierta parte de la sociedad colombiana, que ha vivido acorralada y entre el miedo, los beneficios de una catarsis, de una terapia en la que por fin se pronuncie la barbarie que tantos se permitieron en medio siglo de conflicto. Para las víctimas será el alivio, el cierre de un viacrucis que pocos habían tenido la disposición de reconocerles.

Como todo lo que ha tenido que ver con el proceso de paz con las Farc, sin embargo, la Comisión tendrá que contar con el respaldo de la sociedad, tendrá que probarles a los detractores su independencia de las causas políticas, tendrá que dejarle en claro a una ciudadanía dividida –que tiene serias diferencias a la hora de definir “verdad” y a la hora de señalar a los responsables de la brutalidad de estos años– que la Comisión no busca vengar ni estigmatizar, sino ponerse de acuerdo en los hechos, es decir, en los sufrimientos de las víctimas.

Ha habido comisiones por toda América Latina: en Perú, en Brasil, en Paraguay, en Chile, en Bolivia. Y la idea no ha sido ahondar los conflictos, echar sal en las heridas, aplastar a quienes tienen su propia versión de lo que ocurrió, sino conseguir la reconciliación de la sociedad, recobrar la humanidad entre todos.

“No se trata de desatar una cacería de brujas o una cascada de señalamientos indiscriminados, sino de alentar a quienes hayan tenido una responsabilidad por las violaciones cometidas en el marco del conflicto a reconocerla”, dijo el presidente Santos. Se trata de dejar de ser enemigos sobre la base de la verdad.editorial@eltiempo.com.co

MÁS EDITORIALES

Ya leíste 20 artículos gratis este mes

Rompe los límites.

Aprovecha nuestro contenido
desde $10.999 al mes.

¿Ya eres suscriptor? Ingresa

Sabemos que te gusta estar siempre informado.

Crea una cuenta gratis y pódras disfrutar de:

  • Acceso ilimitado al contenido desde cualquier dispositivo.
  • Acceso a boletines con las mejores noticias de actualidad.
  • Comentar las noticias que te interesan.
  • Guardar tus artículos favoritos.

Crea una cuenta gratis y disfruta de acceso ilimitado al contenido, desde tu computador, tableta o teléfono inteligente.

Disfruta del contenido sin límites

CREA UNA CUENTA GRATIS


¿Ya tienes cuenta? INGRESA