Editorial: Colegios por concesión

Editorial: Colegios por concesión

Han demostrado ser un modelo que ha propiciado espacios de equidad como pocos en Bogotá.

23 de agosto 2016 , 07:01 p.m.

“Si funciona, déjalo así”, dice un viejo adagio que bien podría aplicarse hoy a los colegios por concesión que desde hace más de quince años operan en Bogotá: si funcionan, déjenlos seguir.

Se trata de 22 instituciones educativas administradas por colegios privados de reconocida trayectoria que brindan educación a niños de escasos recursos. En total, 34.211 estudiantes se benefician con este esquema que bien podría ser considerado un exitoso caso de alianza público-privada.

Desde que fueron concebidos por el propio alcalde Peñalosa en su primer gobierno, la preocupación siempre fue la de si colegios de élite serían capaces de brindar educación de alta calidad a una población altamente vulnerable. Para sorpresa, la gran mayoría de estos colegios (17) registran estándares de calidad alta y superior, baja deserción y están entre los 50 mejores de la capital.

Cuando las primeras concesiones llegaron a su fin, infortunadamente el modelo tambaleó por presiones políticas y la férrea oposición de un magisterio que en este tema siempre ha visto el vaso medio vacío y teme infundadamente perder el monopolio del sector. El anterior secretario del ramo consiguió que los contratos se prorrogaran por un año más y su sucesora hoy aspira a que el Concejo de el aval para que sea por otra década.

Es más, la Administración ha contemplado en su Plan de Desarrollo construir 30 establecimientos adicionales, de los cuales, 15 se sumarían a los 22 concesionados y elevar así la oferta a 37 mil niños y niñas de la ciudad.

Quince años después de haber iniciado con esta política es tiempo más que suficiente para examinar los resultados, que como decíamos, son sobresalientes. Por eso vale la pena mantener el modelo y ampliarlo para que sean más los beneficiarios.

Que no son solo los niños. Las propias familias, los docentes, directivos y aún los estudiantes de los planteles que tienen a cargo el manejo de estos colegios, han vivido una experiencia enriquecedora y han contribuido a la mejora del ambiente escolar. Es un ejemplo de equidad que bien podría ser replicado en otros sectores.

Dicho esto, no está demás que la Secretaría de Educación tenga en cuenta los argumentos críticos que desde el pasado han acompañado el modelo. Más allá de las bravatas de Fecode, hay expertos en la materia que recomiendan, por ejemplo, revisar el esquema de contratación del cuerpo profesores y personal administrativo en aras de garantizar su estabilidad, algo que bien podría lograrse con una concesión a más largo plazo.

Así mismo, es bueno mantener la jornada 40x40, realizar evaluaciones periódicas para mantener los niveles de calidad de la enseñanza y el involucramiento de las familias en el proceso educativo.

Finalmente, así como hemos apoyado desde este espacio y en distintos momentos el modelo de colegios por concesión, cabe recalcar que dicha política debe ir a la par con una mejora de la educación en planteles oficiales, dotarlos de lo mínimo necesario para el bienestar de sus estudiantes, atender los probelmas de infraestructura que presentan muchos de ellos para que se pueda hablar de un verdadero salto en la educación de la capital.


editorial@eltempo.com

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