Editorial: Cita en el Vaticano

Editorial: Cita en el Vaticano

Es de esperarse que el esfuerzo del Papa por lograr consensos tenga un eco que no deje de resonar.

16 de diciembre 2016 , 09:22 p.m.

Para cualquier observador, independientemente de su filiación religiosa, la imagen es contundente: un mandatario en ejercicio, Juan Manuel Santos, y su antecesor en el cargo, Álvaro Uribe, a los que hoy, dirán muchos, solo les queda en común el haber ocupado el solio de Bolívar, sentados codo a codo frente a quien para los católicos es el representante de Dios en la Tierra.

Interesado como siempre lo ha estado en el éxito del proceso de paz con las Farc, el papa Francisco vio en su encuentro con Santos una oportunidad para servir de mediador entre el Presidente y el líder de la oposición. Aunque no se ha referido al asunto, sus declaraciones previas, así como sus logros en casos como el de Cuba y Estados Unidos, permiten suponer que tenía en la mira llegar a consensos básicos que le dieran mayor estabilidad política a la implementación del acuerdo entre el Gobierno y las Farc. Hacer un aporte significativo al blindaje de la paz estable y duradera. Puede decirse también que la historia política del país no registra antecedente similar de una figura de tal relevancia planetaria apersonada de la tarea de tender puentes entre dos grandes figuras de la política colombiana.

Y si bien la cita, que incluyó audiencias previas individuales de cada uno de los dos líderes con el pontífice, se desarrolló en un ambiente cordial, no produjo el resultado que muchos esperaban. Al término de la reunión, las declaraciones de Uribe sirvieron para confirmar que el panorama en torno a las cuestiones críticas, aquellas que han impedido que el Centro Democrático respalde el proceso y apuntan a modificar lo ya acordado y refrendado, seguía igual. Se confirmó también que, no obstante los reparos que surgen de esas posturas del uribismo, el proceso mantiene el respaldo del santo padre, un voto de confianza del que deberá tomar nota la Iglesia católica.

Si se quiere ver el vaso medio vacío, podría lamentarse que se pierda una oportunidad para lograr el acuerdo político que, incluso desde estos mismos renglones, se ha pedido. Y siempre recalcando su enorme importancia en el propósito de garantizar que la puesta en marcha de lo firmado se desarrolle sin sobresaltos y se sienten así los cimientos no solo de una paz estable y duradera, sino de un orden social y político mejor y con más oportunidades para las próximas generaciones.

Pero es posible también ver el vaso medio lleno. Valorar, por ejemplo, la disposición de Santos y Uribe a dialogar, así como el simple hecho de cambiar una confrontación a través de micrófonos, trinos y dardos lanzados por terceros por un diálogo franco, cara a cara, así este no haya dado frutos inmediatos. Es fundamental resaltar además el eco que seguirá resonando del esfuerzo papal por mediar. Es de esperarse que este por lo menos termine dando a las relaciones entre oficialismo y oposición un nuevo y necesario marco de respeto y decoro.

En este mismo sentido, hay que expresar el anhelo de que lo ocurrido ayer haya sido una primera piedra en la construcción, en términos del mismo Francisco, de una cultura del encuentro. Que permita, a la luz de otras virtudes cristianas como la paciencia, que un acuerdo sobre lo fundamental pase de milagro a proyecto común.

editorial@eltiempo.com

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