Cartel de los intelectuales

Cartel de los intelectuales

Genera gran indignación que hasta los programas educativos hayan sido infiltrados por los hampones.

20 de junio 2018 , 12:00 a.m.

En un principio, cuando se dio a conocer la noticia de que la Policía había desmantelado una red criminal, el cartel de ‘los Intelectuales’, que estaba interviniendo en el programa Ser Pilo Paga, tomó por sorpresa a la opinión pública tanto por la frecuencia con que se ha venido usando la palabra ‘cartel’ como por la ligereza con que suele hablarse de ‘intelectuales’ aquí en Colombia. Hubo una época en la que se celebró la malicia indígena colombiana como una característica honrosa, pero esta vez, cuando se supo que ya hasta los programas educativos habían sido infiltrados por los hampones, sobre todo fue clara la indignación.

En Santa Marta, en la Universidad del Magdalena, fueron detenidos 16 estudiantes por suplantar a un buen número de aspirantes de Ser Pilo Paga durante un examen de admisión. Se estaba empezando a repetir el caso de estudiantes mediocres –se habla de treinta– que habían accedido con evaluaciones extraordinarias al programa emblemático de este gobierno. Y fue siguiendo ese rastro, y el de una mujer que reclutaba jóvenes talentosos para que llevaran a cabo un fraude por el que las familias llegaban a pagar 25 millones de pesos, como consiguieron desmontar la red.

Si el país sigue creyendo en la educación, así haya ido despacio, es lo más probable que en un futuro no muy lejano la malicia indígena sea reemplazada por el conocimiento.

La ministra de Educación, Yaneth Giha, ha declarado que Ser Pilo Paga no contempla sanciones para esta clase de trampas –que, en honor a la verdad, no eran fáciles de prever–, pero que se ha estado conversando con las universidades en cuestión para que sea revisada la situación de los involucrados. Los medios han informado sobre carteles insólitos como el de la contratación, el de la toga, el de la hemofilia, el de los enfermos mentales, el del papel higiénico. Y sin embargo, pocos tan indignantes como el de los intelectuales.

No obstante, quizás sea cuestión de tiempo: si el país sigue creyendo en la educación, así haya ido despacio, es lo más probable que en un futuro no muy lejano la malicia indígena sea reemplazada por el conocimiento.

editorial@eltiempo.com

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