Canchas al parque

Canchas al parque

Bogotá se está llenando de canchas: sintéticas, resistentes y ambientalmente amigables.

08 de julio 2017 , 12:00 a.m.

Una pequeña revolución tiene lugar en Bogotá, sin que muchos parecieran advertirla: se está llenando de canchas. Son sintéticas, resistentes, ambientalmente amigables, iluminadas y han empezado no solo a reemplazar viejos y olvidados potreros, sino que les están cambiando la vida a los barrios.

En un reciente informe de este diario se daba cuenta de cómo estos espacios empiezan a proliferar en varios parques de la capital, principalmente donde son más necesarios, y los jóvenes empiezan a sacarles provecho, pues son para practicar fútbol de cinco o de once, con las especificaciones que exige la Fifa. Cuatro escenarios de estos se entregaron el año pasado, y la meta para el 2017 es habilitar 40 más (ya hay licitados 22 por 35.000 millones de pesos) y unos 100 al finalizar el actual gobierno.

uatro escenarios de estos se entregaron el año pasado, y la meta para el 2017 es habilitar 40 más (ya hay licitados 22 por 35.000 millones de pesos) y unos 100 al finalizar el actual gobierno

Concentrados en otros temas del devenir de la capital, como la seguridad, la movilidad y aun la revocatoria, hechos como este no suelen estar en la agenda pública no obstante lo que significan. Como bien decía un joven en el citado reportaje, las canchas sintéticas están acabando con “el tierrero que se formaba” cuando los muchachos solo disponían de peladeros, como se dice vulgarmente, para jugarse un ‘picadito’. Obras como estas apuntan a aquello que los expertos llaman el ‘metro cuadrado de la gente’, pues son espacios que contribuyen a cambiar su entorno y a brindar una excusa para que miles de jóvenes convivan en la calle de manera sana y segura.

Las canchas están a lo largo y ancho de la ciudad, especialmente en el occidente y el sur; a ellas se puede acceder de forma gratuita y el costo de su mantenimiento es 50 por ciento menor que el de un escenario natural.

Por todo esto, es incomprensible que algunas comunidades se muestren renuentes a la instalación de este tipo de alternativas en sus parques o a que se reemplacen las existentes. La razón no parecería ser otra que evitar la proliferación de asistentes a ellas. Salvo que se permita que las canchas se usen para otros fines, hace falta una dosis de tolerancia para apostar por ellas.

- editorial@eltiempo.com

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