Assange, sin internet

Assange, sin internet

Si algo demuestra esta noticia increíble es que cualquier líder del mundo es susceptible a reveses.

21 de octubre 2016 , 08:29 p.m.

Algún día habrá que reconocerle todos sus méritos al filósofo que pronunció por primera vez la sentencia “la política es dinámica”. Pues si algo demuestra, por ejemplo, la noticia increíble de que Ecuador ha tomado la decisión de restringirle el uso de internet a su asilado Julian Assange –el mitad revolucionario, mitad paranoico creador de Wikileaks–, es que cualquier líder del mundo es susceptible a los reveses y los cambios: si a estas alturas del partido ha hecho semejante concesión a Washington el envalentonado presidente Rafael Correa, que alguna vez criticó la comparación de George W. Bush con el diablo por ser injusta con el diablo –como recuerda la revista Foreign Policy–, es porque a su país no le conviene más el enfrentamiento con lo que hace un par de años era llamado “el imperio”, con tono pendenciero.

Restringir el acceso a internet de Assange, justo cuando su organización acababa de revelar una serie de comprometedores documentos personales de la candidata Hillary Clinton –a hoy la aspirante con más posibilidades de suceder al demócrata Barack Obama en la presidencia de los Estados Unidos–, es sin duda una manera de reconocer que los tiempos de la nueva izquierda latinoamericana han cambiado, que hoy, cuando Cuba ha empezado a hacer las paces con Norteamérica e incluso la socialdemocracia lucha para mantenerse en el poder en los diferentes países europeos, no es el momento ideal para contribuir desde afuera al saboteo de unas elecciones presidenciales que de por sí ya han tenido suficientes saboteadores por dentro.

Seguirá el megalómano e interesante Julian Assange, convertido ya en protagonista de libros y películas y leyendas urbanas, asilado en la embajada de Ecuador en Londres porque el gobierno de Correa se ha comprometido a proteger su vida, pero no será Ecuador –a punto de elegir en la presidencia a algún candidato mucho más moderado, mucho menos enfrentado “a los gringos” que el actual presidente– su cómplice a la hora de mostrar los intereses y los secretos de una candidata que, por demás, promete ser al menos una alternativa al peligroso populismo.

editorial@eltiempo.com

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