Aquel octubre de 1917

Aquel octubre de 1917

Todas las clases de gobiernos fracasan cuando dejan de tener en cuenta los derechos y libertades.

23 de octubre 2017 , 01:56 a.m.

La revolución Rusa de 1917 empezó en la llamada Revolución de Febrero: la abdicación del zar Nicolás II dio paso a un gobierno provisional, presidido por el príncipe Gueorgui Lvov, que falló a la hora de llevar a cabo las reformas sociales que estaba reclamando el pueblo ruso y no consiguió terminar la guerra. Siguió entonces la revuelta que empezó el 25 de octubre de 1917 –el 7 de noviembre en el calendario gregoriano–, pues en medio de la enorme crisis social, de la pobreza, el feudalismo y de la violencia que asolaban a la población, la propuesta bolchevique, comandada por Vladimir Lenin, fue tomando fuerza hasta derrocar a un gobierno frágil que no tenía el respaldo de la gran mayoría de la gente.

El periodista estadounidense John Reed escribió su crónica ‘Diez días que estremecieron al mundo’ (1919), reveladora y contundente, desde el lugar de los hechos. Por su parte, Serguéi Eisenstein retrató el levantamiento en el largometraje clásico ‘Octubre’ (1928) con un orgullo y un talento –y vigilancia del Gobierno implacable– que en ese entonces revolucionó también el cine. Y no cabe duda de que desde entonces aquella revolución leninista fue uno de los hechos que transformaron de raíz la convulsionada historia del siglo XX. Vendría una sangrienta guerra civil que consolidaría, en 1922, la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas que llegaría a su fin 7 décadas después.

Quizás lo mejor que haya quedado de la Revolución de Octubre, aparte de los libros y las películas y el arte, sea la demostración de cómo todas las clases de gobiernos fracasan estrepitosamente cuando dejan de tener en cuenta los derechos y las libertades de los gobernados; cuando lo de todos se va volviendo la propiedad y el asunto de unos pocos. Luego de la Guerra Fría, que partió en dos el planeta y llenó la política del mundo de paranoia, la Unión Soviética llegó a su fin para convertirse en objeto de estudio de miles de historiadores y de filósofos de la política. Sigue siendo en especial eso: un relato sobre todo lo que ha hecho y todo lo que ha errado el hombre en la necesidad de vivir en sociedad.

editorial@eltiempo.com

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