Anhelos de verdad

Anhelos de verdad

La JEP tiene la obligación de buscar la verdad para todas las víctimas. Sin distinción.

04 de agosto 2017 , 12:00 a.m.

Conforme avanza la implementación de lo pactado con las Farc, la cual implica, entre otros de sus efectos, que tome forma la Jurisdicción Especial para la Paz, comienzan a escucharse voces que dan una idea sobre el tamaño de las expectativas y, en consecuencia, desafíos correspondientes a quienes la integren.

Son reclamos que ante todo logran aterrizar, darle un rostro, y también un relato –todos con hondas implicaciones humanas–, a una serie de conceptos que flotaron en la esfera teórica durante los años de negociación con esta guerrilla.

Tal es el caso de la asociación Los que Faltan, la cual indaga por el paradero de 750 personas cuyos familiares aseguran que fueron retenidas por las Farc y de quienes hoy se desconoce su paradero. Algunas dejaron un vacío en sus hogares desde hace ya dos décadas.

En entrevista concedida a este diario, su presidenta, Blanca Flórez, logra con sus palabras que el lector sienta ese desgarrador sufrimiento propio de una madre que desde 1998 no sabe de su hijo. Su tragedia es la misma de varios centenares más de progenitoras en este grupo. Esta vez se trata de víctimas de las Farc, como también las hay de otros protagonistas de la guerra. Su pregunta –la cual es también la fuente de sentido de sus días, el motor de su lucha– es simple en su formulación, pero tremendamente compleja en su concreción: ¿qué pasó con ellas?

Son reclamos que ante todo logran aterrizar, darle un rostro, y también un relato a una serie de conceptos que flotaron en la esfera teórica durante los años de negociación con esta guerrilla

Mucho se ha dicho ya acerca de lo profundo de la herida que en el entorno familiar abre una desaparición: un trauma que marca múltiples generaciones; un dolor que, si bien evoluciona, no es menos letal. Al contrario. El asunto en Colombia es de una envergadura colosal y dramática. Según el Centro Nacional de Memoria Histórica, el conflicto dejó a 60.630 familias en ascuas.

Se cuentan por miles, como queda claro, las historias de sufrimiento que seguramente llegarán ante la JEP. En una inmensa mayoría de ellas, como es evidente tras leer testimonios de quienes buscan a sus seres queridos, el más grande y único anhelo no es otro que la verdad. Solo esta tiene la facultad de lograr suturar y hacer cicatrizar semejantes heridas.

Podría sonar a verdad de Perogrullo, pero no es así: las implicaciones humanitarias de la tarea de esclarecer estos episodios hace que siempre sea pertinente decir, con todas las letras y sin riesgo de que la expresión pierda sentido, que el reto de quienes tendrán la responsabilidad de liderar este nuevo paso del proceso de paz, el de la justicia especial, es colosal.

El llamado es a que cada uno de estos dramas, cuando llegue al tamiz de la JEP, sea considerado a partir de la angustia vivida por quienes hoy claman por esa verdad. E independientemente de otras consideraciones, sobre todo de las de la orientación política de la víctima o el victimario. Por supuesto que la primera motivación debe ser traer sosiego a estos corazones. Pero luego vienen otras no menos relevantes: y es que de conquistarse este primer objetivo –y a escala importante–, el logro permitirá dotar de cimientos sólidos, a toda prueba quizás, a la paz y, de paso, conseguirá que muchos escépticos y opositores den su brazo a torcer ante la contundencia de los hechos.

- editorial@eltiempo.com

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