Alivio del dolor, un derecho humano

Alivio del dolor, un derecho humano

Esta enfermedad no puede seguir siendo subestimada y desconocida por los sistemas de salud.

21 de octubre 2017 , 12:00 a.m.

Que más de la mitad de las consultas médicas básicas en el mundo tengan como queja principal el dolor sería razón suficiente para que la Organización Mundial de la Salud (OMS) haya dedicado un día al año para recordar que no se deben ahorrar esfuerzos para aliviarlo.

Sin embargo, el pasado 17 de octubre, Día Mundial contra el Dolor, parece señalado en el calendario para recordar que frente a esta ‘epidemia invisible’ es poco lo que se hace, con el agravante de que existen herramientas suficientes, desde los planos médico, científico y conceptual, para calmar de manera humana al menos ocho de cada 10 dolores que sufren las personas.

Lo anterior sin contar que cerca de la tercera parte de esta población adolorida lo padece en forma crónica, lo cual significa que el dolor se transforma en una verdadera enfermedad que, a pesar de haberse sustentado de modo suficiente, el mundo se niega a reconocer.

La mayoría de médicos y miembros de los equipos de salud muestran un desinterés por este mal, a tal punto que terminan tratándolo de manera equivocada

Pero lo peor no es el abandono en que quedan los pacientes, sino también las equivocaciones que con ellos se cometen. Hay que decirlo: la mayoría de médicos y miembros de los equipos de salud muestran un desinterés por este mal, a tal punto que terminan tratándolo de manera equivocada, con lo cual aumentan sus padecimientos.

Basta ver, por ejemplo, el mal manejo que se hace de los medicamentos opioides, que en no pocos casos se formulan y suministran sin necesidad, con desenlaces dramáticos como la dependencia. Y que, además, contrasta con la escasez de este tipo de insumos para los enfermos que realmente los requieren, como es el caso de los pacientes con cáncer.

Es una lógica perversa que demuestra, una vez más, que, incluso sobre los pacientes más necesitados, se impone un mercado en el que el interés económico deja de lado los preceptos científicos. Es suficiente ver cómo las clínicas de dolor (incluidas las nacionales) se lucran aplicando procedimientos inútiles disfrazados de tecnologías de avanzada para manejar dolores que podrían atenuarse con la simple lógica y el sentido común.

Catéteres, bloqueos, moduladores neurológicos, equipos de ultrasonido, radiofrecuencias, bombas de infusión y otros tantos forman parte de los artilugios con los que de modo inconsistente e impertinente se ilusiona a las personas y, de paso, a los sistemas de salud con falsas soluciones. Aunque hay que reconocer que a algunos les puede servir, lo cierto es que la mayoría lo único que hacen es aumentar la frustración y el sufrimiento.

En Colombia, hoy apenas uno de cada siete adoloridos recibe el tratamiento que merece. Todo auspiciado por el falso precepto de que estas intervenciones son caras y dispensadas solo por unos cuantos especialistas. Ideas equivocadas a todas luces.
Estas fechas deben servir para que el dolor deje de seguir siendo el problema más subestimado y desconocido por los sistemas de salud.
El impacto sobre la calidad de quienes lo padecen debe ser suficiente para que todo el sistema de salud, desde los médicos generales hasta los especialistas, privilegie su atención como el quinto signo vital que es y el derecho humano al que se elevó su alivio.

editorial@eltiempo.com

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