Al rescate del patrimonio

Al rescate del patrimonio

Parece un contrasentido, pero es cierto: no nos importa el valor histórico de nuestros monumentos.

03 de junio 2017 , 12:00 a.m.

No hay excusa distinta a la hora de agredir nuestro patrimonio urbano y cultural que el vandalismo. Parece un contrasentido, pero es cierto: no nos importa el valor histórico de monumentos, mobiliario, fachadas ni esculturas; se apela al salvajismo para destruir, rayar, manchar y hasta robar los referentes que alimentan la memoria histórica de nuestras ciudades.

De nada sirven campañas ni advertencias. Una manifestación es aprovechada para descargar la furia contestataria contra inermes figuras expuestas en lugares públicos para el disfrute ciudadano.

Sin embargo, hay esfuerzos que se están haciendo para salvaguardar tales recuerdos. La limpieza de fachadas en La Candelaria y otros sectores del centro, con el concurso de la ciudadanía, son prueba de que algo se puede hacer, al igual que la iniciativa de adoptar un monumento para salvarlo del olvido y la agresión. Algunos sitios han vuelto a caer en la tentación de los vándalos, pero en la gran mayoría la gente ha prohijado su conservación.

Gracias a estas y otras iniciativas aupadas por quienes han estado al frente del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, Bogotá puede tener la esperanza de que su memoria sea salvada

Más recientemente se ha dado a conocer cómo otras joyas de Bogotá, el Obelisco de Los Mártires y la iglesia del Voto Nacional, fueron objeto de millonarias inversiones para su recuperación. El primero fue erigido para conmemorar el sacrificio de los mártires de 1916 y 1917, pero casi nadie lo sabe, y a la segunda se la distingue por ser la iglesia donde se imploró por la paz del país tras la guerra de los Mil Días; su construcción comenzó en 1902 y terminó en 1916.

El Chorro de Quevedo va en franca recuperación, al igual que la plaza de mercado de la Concordia, que será adaptada para albergar a más comerciantes y será la sede de la Galería de Arte Santa fe.

Gracias a estas y otras iniciativas aupadas por quienes han estado al frente del Instituto Distrital de Patrimonio Cultural, Bogotá puede tener la esperanza de que su memoria sea salvada. Es lo que demanda una conciencia colectiva que vela por el respeto de nuestros valores patrimoniales y una tendencia global de los grandes centros urbanos, en donde a estos asuntos se les da la importancia que merecen.

- editorial@eltiempo.com

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