Al psiquiatra sin pena

Al psiquiatra sin pena

Ya es hora de que el país entero tome en serio la enfermedad mental y la considere una prioridad.

21 de abril 2018 , 12:00 a.m.

De entrada, parece ilógico y atávico pensar que las personas que padecen un trastorno mental tienen que pasar su vida encerradas en un manicomio para proteger a la sociedad de agresiones y otros riesgos. Sin embargo, estas ideas aún están en el imaginario de muchas personas, a juzgar por los rechazos directos o velados a los que se enfrentan los pacientes psiquiátricos.

Grave, si se tiene en cuenta que en Colombia, según la Encuesta Nacional de Salud Mental (2015), el 10 por ciento de la población presenta algún tipo de afección mental, solo uno de cada 10 enfermos recibe la atención que necesita y de cada cuatro que son atendidos, tres abandonan los tratamientos por vergüenza o porque creen que estos no sirven para nada.

En consecuencia, la enfermedad mental es la principal causa de pérdida de años de vida saludable por discapacidad y la fuente de serios desenlaces de corte psicosocial relacionados con violencia, adicciones, abuso sexual y otras sociopatías, sólidamente soportadas por estudios, que son de dominio público.

Como también lo son las investigaciones que demuestran la imagen negativa que la sociedad tiene de las personas con alteraciones de este tipo. Una imagen sesgada por el desconocimiento y la desinformación, que influye en el deshumanizado aislamiento de quienes las padecen, haciéndoles creer que sus condiciones son cargas pesadas de las que no se pueden librar y poniéndoles obstáculos de toda índole a los servicios que requieren.

La campaña que busca acabar con la discriminación hacia quienes recurren a estos especialistas merece todo el apoyo necesario.

Esta estigmatización es la lamentable herencia de siglos de incomprensión derivada de una mentalidad colectiva proclive a ‘encerrar a los locos’ y alejarlos en lugar de acogerlos desde una perspectiva de salud e integración.

De ahí que, conscientes de que el silencio que envuelve a la salud mental forma parte del problema, la Asociación Colombiana de Psiquiatría, de la mano con el Ministerio de Salud, ha lanzado la campaña ‘Yo también voy al psiquiatra’, con la cual busca combatir esta discriminación por injusta, cruel y carente de bases científicas.

La intención, de acuerdo con sus promotores, es fomentar programas educativos a todo nivel para sensibilizar a la comunidad acerca de la importancia de tomar la salud mental de la misma forma como se considera la salud física, sobre la premisa de que los males emocionales son mayores que los orgánicos.

Un objetivo que merece ser apoyado en toda su extensión, sin dejar de lado el obligado llamado de atención a las autoridades sanitarias y a los responsables del aseguramiento y la atención para que dispongan de servicios especializados suficientes y de calidad a fin de cerrar la inquietante brecha existente entre la abultada demanda y la exigua oferta, que termina convirtiéndose en otro factor a favor del estigma. Y que haya verdadera prevención en salud mental.

Ya es hora de que el país entero tome en serio la enfermedad mental y considere su abordaje como una prioridad, sobre la base de que darle la espalda –como hasta ahora– es incubar una bomba social que acabará explotando en forma de desequilibrio y atraso. Y es un buen comienzo asumir como algo normal que todos, en cualquier momento, podemos ir al psiquiatra.

editorial@eltiempo.com

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