Editorial: Al mal tiempo...

Editorial: Al mal tiempo...

Viajar en avión en el país no puede ser sinónimo de atrasos y molestias, como sucedió esta semana.

11 de noviembre 2016 , 08:30 p.m.

Noviembre, por causa de las lluvias típicas de la temporada, es un mes difícil para los usuarios del transporte aéreo en Colombia. Con mayor frecuencia que la acostumbrada, los viajeros deben resignarse a retrasos obligados y cancelación de vuelos, que trastocan planes de vacaciones o negocios.

Aun a sabiendas de que es indispensable armarse de paciencia, resulta imposible desconocer que lo ocurrido en los últimos días pondría a prueba al pasajero más calmado. Una confluencia de eventos desafortunados llevó esta semana a que trayectos cortos se convirtieran en jornadas de horas. En varios casos, a las personas no les quedó otra opción que dormir en la sala de espera de un aeropuerto, mientras que en otros tuvo que intervenir la Policía para evitar desmanes.

La culpa principal es atribuible al clima. Tanto las nubes bajas en horas de la mañana como las tormentas en la tarde y la noche incidieron de manera directa en el incumplimiento de los itinerarios. En más de una ocasión, los trastornos se vivieron en Bogotá, que concentra cerca de dos terceras partes de las operaciones nacionales, con lo cual un imprevisto se convierte en un verdadero efecto dominó.

Sin embargo, también en la ecuación se mezclan la imprevisión y la lentitud en las respuestas de las autoridades. Las obras que se adelantan en varias terminales van a redundar en una mayor comodidad y en mejoras en seguridad, pero en más de un caso las luces que guían a los aviones en el momento de aterrizar o rodar por las plataformas muestran desperfectos que demoran en arreglarse.

En lo que atañe a El Dorado, no deja de causar incredulidad que no existan los equipos para remover una aeronave atravesada, como ocurrió en la noche del martes. Como consecuencia de esa situación, una de las pistas tuvo que permanecer cerrada nueve horas, mientras que la otra tenía restricciones debido a que estaba en reparación.

Al respecto, el Ministerio de Transporte ha informado que algunas soluciones vienen en camino. Los equipos que permitirán la aproximación en condiciones climáticas difíciles en la terminal bogotana están en proceso de instalación y deberían empezar a funcionar a comienzos del próximo año. Otros elementos están en vías de adquirirse, con el fin de acortar los tiempos a la hora de reaccionar ante una emergencia.

Pero no menos importantes son las labores de coordinación. Es positivo que este viernes comenzara a operar un puesto de mando unificado con presencia de las aerolíneas comerciales, con el propósito de acelerar la toma de decisiones. Aun así, hay que deplorar que ese esquema no estuviera presente antes, de forma preventiva.

Como sucede con todas las crisis, esta deja lecciones importantes, que ojalá no se olviden. Más que aconsejarles a los viajeros que no hagan sus conexiones por Bogotá, como dijo el director de la Aerocivil, lo que procede es adoptar los correctivos del caso para que el país aproveche las ventajas comparativas que le da su localización privilegiada. A fin de cuentas, niebla y tormentas existirán siempre. El reto es usar los avances tecnológicos para sortear las inclemencias del tiempo.

editorial@eltiempo.com

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