Editorial: Aire mortal

Editorial: Aire mortal

Causante de 6,5 millones de muertes al año, la contaminación ambiental exigue acciones urgentes.

30 de septiembre 2016 , 08:48 p.m.

Que solo una persona de cada diez en el mundo pueda respirar aire limpio debería convertirse en verdadera alarma que convoque acciones urgentes de todas las autoridades del planeta.

Pero esto no pasará de ser mera ilusión al observar la indiferencia con que fue recibido el preocupante informe de la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el cual se reitera que la contaminación ambiental produce cada año la muerte de 6,5 millones de personas, con el agravante de que 3 millones de ellas están relacionadas con la exposición al aire en espacios abiertos. O sea, el que respiramos todos.

Si se tomara en serio que la OMS encontró que la calidad del aire ambiente excede por mucho los límites fijados sobre material particulado, al punto de que solo el 8 por ciento de la población del globo vive en zonas que armonizan con la norma, habría que decir que la humanidad consume un tóxico cada vez que respira.

Esto no es una exageración porque al revisar el listado de muertes relacionadas con el mal aire respirado, se encuentra que el 94 por ciento de ellas se deben a enfermedades no transmisibles, principalmente cardiovasculares, accidentes cerebrovasculares, males obstructivos respiratorios y cáncer de pulmón. Esto es, todas prevenibles, sin contar con que la contaminación aumenta el riego de infecciones respiratorias agudas.

No obstante, el espectro dañino se amplía al saber que el 90 por ciento de estos decesos ocurren en las regiones más pobres, en donde las víctimas son mujeres gestantes, niños y ancianos. Condiciones que contradicen la premisa sanitaria de que “respirar aire puro desde la primera hasta la última inhalación es el primer derecho que tiene toda persona para mantenerse sana”.

Alguien podría afirmar que es la misma naturaleza, con sus tormentas de arena, incendios por el calentamiento global y erupciones volcánicas, entre otros fenómenos, la principal responsable de ensuciar el aire. No hay tal, pues el informe es contundente al identificar las principales fuentes de este tipo de contaminación.

Los motores de los medios de transporte, la quema de combustible y desechos en los hogares, las centrales eléctricas y las actividades industriales siguen encabezando la lista entre los enemigos del aire. Además, la OMS entregó unos mapas interactivos que identifican dónde están estas fuentes y en qué proporción afectan la atmósfera mundial. Todo, a la vista de todos.

Con esto sobraría decir que se precisan acciones colectivas urgentes para contener esta debacle, que, de continuar, arrastraría por un peligroso desfiladero a la humanidad entera; sin embargo, este llamado parece ser ajeno a otros enemigos del medioambiente que le quedaron faltando a la OMS en su listado: los intereses de los poderosos que se imponen sobre los derechos de las mayorías y las autoridades laxas y convenientes que terminan a su servicio.

Ojalá que la meta fijada en septiembre del año pasado por los líderes mundiales, de reducir para el 2030 las muertes y enfermedades por contaminación, enmarcada en los Objetivos de Desarrollo Sostenible, no quede como una utopía asfixiada por este aire mortal.editorial@eltiempo.com

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