A raíz de una opinión

A raíz de una opinión

El concepto negativo del estado financiero de Reficar insinúa que en la empresa hay gato encerrado.

28 de junio 2018 , 12:00 a.m.

El lunes pasado, un comunicado de la Contraloría General informó que la entidad había emitido una opinión negativa sobre los estados financieros de Reficar correspondientes al ejercicio de 2017, lo cual equivale a un voto de desconfianza con respecto a las cifras publicadas. Quizás el asunto no habría pasado a mayores si se hubiera tratado de otra empresa estatal, pero desde hace varios años la refinería de propiedad de Ecopetrol ha sido motivo de múltiples polémicas debido al elevado costo que demandó su construcción.

Para los críticos de la iniciativa, el concepto del organismo cuya misión central es procurar el buen uso de los recursos y bienes públicos confirma que en la empresa, ubicada en inmediaciones de la bahía de Cartagena, sigue habiendo gato encerrado. Los colombianos recuerdan que la obra demandó recursos por 8.000 millones de dólares, cerca del doble de lo presupuestado inicialmente, y ello dio pie a la apertura de investigaciones y procesos que todavía no terminan.

En la presente ocasión, la polémica tiene que ver con un ajuste contable, gracias al cual el balance del año pasado mostró una utilidad superior a los 48.000 millones de pesos. De no haber sido por esta figura, la compañía habría mostrado un saldo en rojo considerable. Ante la diferencia entre uno y otro guarismo, no faltaron las acusaciones de maquillaje.

El debate es técnico y gira en torno al uso de una cuenta conocida en inglés como impairment, término que se traduce literalmente como deterioro. La figura en cuestión consiste en la actualización de la capacidad de generar caja por parte de los activos de una firma, dependiendo de su desempeño operativo y de las condiciones particulares del mercado. Para expresarlo en lenguaje coloquial, se trata de establecer cómo pinta el negocio en un periodo determinado.

Tender un manto de duda es inconveniente si el exceso de celo de la Contraloría la lleva a chocar con prácticas contables legítimas.

Aunque pueda parecer estrambótico para aquellos que no están metidos en el tema, la práctica es usual en las industrias extractivas. De hecho, forma parte de las normas internacionales de información financiera que Colombia adoptó en el 2009 y empezaron a aplicarse de manera gradual. Ecopetrol, cuyos derechos accionarios se negocian en la Bolsa de Nueva York y que está sometida a la evaluación de las autoridades estadounidenses, refleja en sus estados financieros esta partida –que a veces suma y otras resta– sin haber recibido glosas de nadie, comenzando por la propia Contraloría.

Al responder a las sindicaciones, Reficar expresó que no comparte lo dicho por la Contraloría y que su contabilidad fue revisada y auditada por una de las cuatro grandes firmas del sector en el mundo. Que esa opinión vale quedó claro ayer, cuando la firma calificadora de riesgo Standard & Poor’s mantuvo estable la nota que le asigna a Ecopetrol y destacó los resultados de la refinería cartagenera.

Por tal razón, tender un manto de duda es inconveniente si el exceso de celo de la Contraloría la lleva a chocar con prácticas contables legítimas. Aunque es encomiable la labor del ente estatal, valdría la pena que examine sus cálculos y se apoye en peritos externos de la más alta preparación, ya sea para que ratifique su opinión o para que la cambie.

editorial@eltiempo.com

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