Editorial: A la mesa con el Eln

Editorial: A la mesa con el Eln

Que la negociación con esta guerrilla avance depende de que sus miembros abandonen el secuestro.

11 de octubre 2016 , 08:15 p.m.

Fue un alivio para muchos colombianos saber que, no obstante el giro que tomó el proceso de paz con las Farc, los contactos con el Ejército de Liberación Nacional continuaron hasta hacer posible el anuncio del pasado lunes en la noche sobre el inicio, el próximo 27 de octubre, de los diálogos con esa organización armada.

Es, pues, una noticia positiva, un paso bienvenido hacia lo que ya muchos denominan “la paz completa”. De entrada se espera que los hechos en el marco de esta negociación tengan una resonancia positiva en La Habana. Uno de ellos es evidente y a él han aludido no pocos observadores: una disminución o suspensión de la actividad militar de este grupo subversivo sería muy positiva para efectos de disminuir el riesgo de incidentes que rompan el cese del fuego entre el Gobierno y las Farc.

Dicho esto, hay que tomar la senda de la cautela. dados, sobre todo, los antecedentes en materia de intentos de negociación con esta guerrilla y también factores como el tipo de organización que la caracteriza, menos monolítico y centralizado que las Farc. El que lo conocido hasta ahora –el documento revelado en marzo, también en la capital venezolana– sobre la hoja de ruta de este intento de llegar a un acuerdo, da para pensar que esta sigue siendo más una lista de deseos que un derrotero claro que permita que la mesa pronto alcance velocidad crucero.

De igual forma, hay que hacer un nuevo llamado a que el primer gesto de los hombres de Gabino sea el abandono sin asteriscos de la práctica del secuestro, lo cual incluye la liberación inmediata de todas las personas hoy en su poder, que sea esto a lo que aluden cuando hablan de “acciones dinámicas humanitarias para crear un ambiente favorable para la paz”.

Y es que del Eln se espera una demostración contundente, con hechos como este, de que han sabido entender los signos de los tiempos. Dicho de otra forma, que han tenido la sensatez necesaria para descifrar en dónde se encuentran hoy los límites de la tolerancia de la gente, entre otros. Es bien sabido que la capacidad de entender cuál es el terreno sobre el que están parados no es precisamente una de las virtudes de la plana mayor de esta organización.

Un hecho que la opinión ha percibido, desde hace mucho, pero con especial claridad en los últimos meses. Su actual situación en términos de poder militar y presencia territorial, lejana de sus momentos de mayor fortaleza, no solo es conocida por los colombianos sino que tiene que ser un referente permanente en la mesa.

También debe quedar claro desde el primer momento que el acuerdo con las Farc, independiente de qué ocurra con él en los días venideros, tiene que ser mucho más que, como lo afirmó este martes el gestor de paz, Carlos Arturo Velandia, ‘Felipe Torres’, un punto de partida. En el buen sentido de la palabra, debe asumirse más como un atajo, que permita pasar por encima de terrenos con riesgo de convertirse, innecesariamente, en arenas movedizas para este proceso.

En todo caso, hay que saludar este paso del Eln. Como lo registrábamos aquí, cada vez son más fuertes los vientos de paz y su origen, a su vez, cada vez más diverso. Que esto los lleve a entender que combinar armas y política ya es, un vergonzoso e inaceptable anacronismo.

editorial@eltiempo.com

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